| | Situada en el norte de la Península Ibérica, frente al mar que le da nombre, entre el Principado de Asturias al oeste, Castilla y León, al sur, y el País Vasco, por el este, Cantabria cubre una superficie de 5.289 km2; siendo una de las siete comunidades españolas uniprovinciales. Su territorio, en general montañoso, se eleva desde las playas del Mar Cantábrico hasta altitudes próximas a los 3.000 metros. La costa, con 218 km de longitud, presenta playas de finas arenas, acantilados de fieras romìentes, rías de mansedumbre placentera, marismas y numerosas bahías como la de San Vicente de la Barquera, Santoña y la mayor, que es la de Santander, que es la más extensa. La sierra del Escudo de Cabuérniga separa la zona costera de La Marina, de los valles de La Montaña. La Montaña ocupa la superficie más extensa de la comunidad, en el área central de la cordillera Cantábrica.. En los Picos de Europa, en el suroeste, se encuentra el pico de mayor altitud, Peña Vieja, con 2.613 mts.  | Hacia el sur de la cordillera Cantábrica se encuentra Cantabria meridional, con las tierras llanas de la depresión de Campoo. En el pico Tres Mares, en la Sierra de Peña Labra (valle de Reinosa), nace el río Ebro, el más largo de España, que tras recorrer 910 km en dirección sureste desagua en el mar Mediterráneo. El clima predominante en la región es el atlántico, suave, húmedo y templado, con gradaciones y diferencias que establece la mayor o menor proximidad del mar. Las tierras llanas de La Marina hacen posible que las masas de aire oceánico ingresen en el interior, suavizando las temperaturas. Sólo el extremo meridional presenta rasgos propios del clima continental, con inviernos fríos, y en las zonas montañosas con altitudes superiores a los 1700 mts., se dan las condiciones climáticas subalpinas, con nieves perpetuas. La temperatura media en Santander es de 19° en agosto, y 9,5° en diciembre. Las precipitaciones pluviales se producen durante todo el año, alcanzando un promedio de 1.200 mm anuales.  | Evidencia de la presencia humana en la región, hace unos quince mil años, son las pinturas rupestres encontradas en numerosas cuevas de Cantabria, entre las que destacan las de Altamira. Muchos siglos más tarde se asentó el pueblo cántabro en estas tierras, dejando la memoria de una raza indomable, fundamentalmente guerrera, capaz de combatir con fiereza y sucumbir con heroísmo. Tras la llegada de los romanos, el propio Augusto acudió a la península para dirigir las difíciles operaciones de dominio sobre aquella valerosa raza, hasta que, tras diez años de asedio, en el año 19 a.C. las legiones de Roma ocuparon el territorio cántabro, con el martirio de los últimos defensores, que cantaban himnos al enfrentarse con la muerte. En el año 411 los vándalos tomaron posiciones por la cornisa cantábrica, y más tarde, el rey visigodo Leovigildo conquistó estas tierras, procurando unificar todo el territorio peninsular bajo su mandato. Los musulmanes apenas llegaron a dominar territorio cántabro, que se constituyó en uno de los frentes desde los que se iniciara la Reconquista, emprendida por los cristianos desde el norte de la península. El puerto de Santander fue siempre de gran interés para los castellanos, ya que permitía la comercialización y exportación de sus productos, especialmente la lana de las ovejas merinas. Estas actividades, sumadas a las pesqueras, contribuyeron al desarrollo de otros puertos como el de Laredo, Castro Urdiales, y Colindres, desde el siglo XII, siendo la base de la flota castellana, hasta la conquista de América, cuando el poderío naval castellano se concentrara en Sevilla.  | Los monarcas prodigaron en las Montañas de Cantabria sus mercedes, y la pequeña villa de Santander fue elevada al a título de ciudad, de acuerdo con el rango episcopal concedido a Cantabria, cerrando el siglo XVIII con buenos augurios, que fueron tronchados por la Guerra de la Independencia. En la segunda mitad del siglo XIX se produce un crecimiento constante de Santander, fortalecido por el comercio con las últimas colonias de ultramar, creándose un ambiente intelectual y artístico prestigiado por don Marcelino Menéndez Pelayo, el novelista José María de Pereda, el poeta Amós de Escalante, y don Benito Pérez Galdós, montañés por adopción. El siglo XX señala una considerable expansión industrial, y el desarrollo de la actividad turística. El Palacio Real, construido en la Península de La Magdalena (fines siglo XIX-principios siglo XX), fue escenario de los veraneos regios hasta 1930, acompañados de acontecimientos mundanos y deportivos. La creación de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en 1932, fue un nuevo paso en el desarrollo, interrumpido por la guerra civil, y el vasto incendio que asolara Santander en 1941. Actualmente, Cantabria presenta un buen nivel de vida, con economía en alza basada principalmente en el turismo, y el esplendor de una naturaleza admirable. | |