Encuadrada en la submeseta septentrional, Castilla y León se encuentra circundada por el sistema Cantábrico, al norte; Ibérico, al este; Central, al sur; y, al oeste, la frontera portuguesa, con el Duero separando ambos territorios. El Duero es una constante a lo largo de todo Castilla y León: atraviesa todo el territorio, de este a oeste, y sobre sus riberas se ha construido la historia regional. Con 94.174 km2, su población, distribuida en nueve provincias -Avila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora-, apenas supera los dos millones y medio de habitantes que, si bien se asentaron fundamentalmente en las riberas de los ríos, hoy se concentran en una docena de grandes núcleos urbanos. El 35% del suelo castellano-leonés está compuesto por zonas montañosas. El resto, es una sucesión de grandes llanuras y valles, por los que transcurren las aguas del Duero, el Ebro, y un gran número de afluentes. La historia de Castilla y León, aún perdida en la noche de los tiempos, se llega a confundir con la historia de España, en muchos aspectos y etapas. Vacceos, arévacos y pelendones dieron paso a la dominación romana, y ésta a la monarquía visigótica. La invasión islámica llegó a estos valles, cuya repoblación y reconquista se produjo a partir de los focos de resistencia, formados en la cornisa montañosa del Cantábrico. Hasta la consolidación de la línea fronteriza del Duero, durante los siglos IX y X, ésta es tierra de nadie. Los reinos de Asturias, de Galicia y de León van configurando una nueva monarquía que se fusiona con la que nació de la nobleza castellana. La unión de los dos reinos se consolidó a partir del siglo XII, a medida que la frontera con el Islam descendía hacia tierras andaluzas.  | Cristianizada la Península con los Reyes Católicos, el Reino de Castilla conserva su protagonismo hasta el advenimiento de los Austrias. Con Carlos I se produce uno de los acontecimientos más sobresalientes de la historia castellano-leonesa: el movimiento comunero, que terminó al ser derrotados y ejecutados sus cabecillas.  | El siglo XVI constituye una etapa de prosperidad basada sobre todo en la riqueza agropecuaria y en la incipiente industria textil, así como en las riquezas americanas, en cuya conquista participaron muy activamente castellanos y leoneses. Al romperse el eje comercial Medina del Campo-Flandes, comenzó una decadencia que llega hasta nuestro días, abriéndose una nueva etapa, después de que en 1983 se aprobara el Estatuto de Autonomía. Etapa que Castilla y León ha comenzado a afrontar con verdadera esperanza en el futuro. En el campo gastronómico, nunca fue pasatiempo comer y beber en Castilla y León; más al contrario, la gastronomía cotidiana de estas tierras se ha basado siempre en productos naturales sólidos y sustanciosos: asados, fritos, guisados y cocidos en sus múltiples variantes. Toda referencia a la gastronomía de Castilla y León ha de hacer mención expresa los vinos y a los quesos. El queso es en esta región, consustancial con su vocación ganadera, en las más imaginables versiones; y el vino adquiere vida propia en las trece comarcas vitivinícolas, de las que cuatro se garantizan con denominación de origen: Ribera del Duero, Rueda, Toro y El Bierzo. |