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Extremadura
 
 

La comunidad autónoma de Extremadura está situada en el oeste de España. Limita al norte con Castilla y León, al este con Castilla-La Mancha, al sur con Andalucía y al oeste con Portugal. Está constituída por dos provincias, Cáceres y Badajoz, que son las de mayor extensión entre las que se divide el territorio español. Tiene una superficie de 41.602 km2, siendo la quinta comunidad autónoma en extensión territorial. Su nombre gurada relación con su situación de tierras extremas, fronterizas, que fueron conquistadas y repobladas por castellanos y leoneses desde el siglo XI, siendo aprovechadas especialmente para pastoreo trashumante. El relieve extremeño presenta tres cadenas montañosas que se extienden por el norte, centro y sur de la región: el sistema Central al norte, que se ramifica hacia el sur, desde Gredos, por la sierra de Tormantos y los montes de Tras la Sierra; la prolongación de los montes de Toledo en el centro; y la sierra Morena al sur. Estas tres cadenas montañosas limitan dos depresiones, que corresponden a las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana. La sierra de Gata y el sector más occidental de la sierra de Gredos, cuentan con altitudes superiores a los 2.000 metros. Son montañas con numerosas gargantas, como la de Jaranda, y con puertos como el de Béjar o el de Tornavacas.

Los valles y depresiones más importantes son el de Ambroz, el del Jerte, el del Tiétar, La Vera y Las Hurdes. Las Villuercas, con 1.601 metros de altitud, es el pico más elevado de los montes de Toledo en Extremadura. Otras elevaciones son las sierras de Miravete, las Corchuelas y Cañaveral, al sur del Tajo, y las sierras de Montánchez y San Pedro, al norte del Guadiana. Las vegas y llanuras situadas al sur del Guadiana, son tierras de importancia para la agricultura: La Serena, Campo de Castuera, Vegas Altas, Tierra de Barros, Llanos de Olivenza y Vegas Bajas. El extremo occidental de sierra Morena es el área montañosa del sur extremeño. La sierra de los Caballeros presenta la mayor altitud en Tentudía, con 1.104 metros.
 

El clima es de tipo mediterráneo con rasgos continentales, aunque suavizado por la influencia oceánica que llega a estas tierras desde la costa atlántica. El verano, caluroso y seco, tiene temperaturas con promedio superior a los 25 ºC, mientras que el invierno se presenta con una temperatura media de 6 ºC, en enero. Las precipitaciones oscilan entre los 400 y los 600 mm anuales Los ríos principales son el Tajo, en Cáceres, y el Guadiana en Badajoz, habiéndose reaizado en ellos diversas obras hidraúlicas reguladoras, formando una gran cantidad de embalses y pantanos. La población extremeña es de 1.100.538 habitantes (1995), vale decir, menos del 3% de la población total española.

La densidad media es de 26 hab/km2, siendo una de las zonas más despobladas de España. Las capitales provinciales, Badajoz y Cáceres, son los centros más poblados. Otras ciudades importantes son Mérida, Don Benito, Almendralejo y Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz; y Plasencia, Navalmoral de la Mata, Coria, Trujillo y Valencia de Alcántara, en la provincia de Cáceres. Extremadura presenta aún evidencias relacionadas con los diversos pueblos y culturas que desde tiempos prehistóricos habitaran en su territorio. De paleolítico inferior se encuentran huellas de su prehistoria en la cueva de Maltravieso, cerca de Cáceres, con representaciones de manos similares a las del arte rupestre de la zona franco-cantábrica. También se conservan monumentos megalíticos, como los dólmenes de Valencia de Alcántara, el de Lácara, la cámara funeraria de la Granja del Toriñuelo y los restos cercanos a Jerez de los Caballeros. Entre los siglos VII-V a.C, la relación con los Tartesos y con Oriente, se refleja en hallazgos púnicos, como el tesoro de Aliseda (Cáceres). Monedas y vasijas griegas fueron encontradas en Medellín y Cáceres. Los celtas invadieron el oeste peninsular en el siglo VI a.C.
 

Las tribus célticas formaron la Lusitania en el oeste, con un sector turdetano en sur, y en la zona central Veturia Túrdula, y Veturia Céltica. En época de la invasión romana, los lusitanos habitaban el norte y centro de la región, y los celtas el sur, entre los ríos Tajo y Guadiana, sobre la sierra de Hornachos.

La influencia romana en Extremadura, integrada en la Lusitania y la Bética, fue acentada, y aún hoy se refleja en el legado monumental. En el año 25 a.C., a orillas del Guadiana se fundó Emérita Augusta (Mérida), que llegó a ser la ciudad más importante de la Penísula, capital de la provincia riomana de Lusitania, que se extendía hsta el Atlántico y Galicia. Las calzadas romanas perduraron como vías de comunicación. Emérita Augusta (Mérida), se vinculaba con Olisipo (Lisboa), por una de ellas. La de la Plata atravesaba el territorio, de norte a sur. La de Norva (Cáceres) a Conimbriga (Coimbra), cruzaba el Tajo, por el puente de Alcántara. El esplendor de la época romana se extendió por toda Extremadura Con la entrada de los bárbaros en el norte de la Península, se abate el esplendor de la Extremadura romana.
 

En el año 409 fue ocupada Mérida por los alanos, pasando luego al dominio de los suevos. En el año 468 fue incorporada al reino visigodo de Eurico. A la caída de la monarquía visigoda, Extramadura fue ocupada por los musulmanes, formando parte del Califato de Córdoba, hasta su disolución. La rápida conquista musulmana de la Península, se realizó tras la batalla de Guadalete, en el año 711. Desapareció el ejército visigodo, y Mérida fue ocupada por los musulmanes en el año 713. Badajoz cobra importancia, y en 1022 se forma el Reino Moro de Badajoz. Allí gobernó la dinastía taifa de Banu-Al-Aftas.

Extremadura se convierte en tierra fronteriza entre cristianos y árabes, alzándose construcciones defensivas de diversa importancia: murallas, alcazabas, castillos y fortificaciones. La Reconquista de la Península Ibérica, se había iniciado en los Picos de Europa, cuando lass tribus montañesas intentaban escapar de los impuestos musulmanes. Estas tribus montaron un sistema de fortalezas, pero mucho tiempo hubo de pasar hasta que la reconquista de los territorios árabes se completara. Los intentos de los reyes leoneses en tal sentido, fuero inútiles, hasta la primera mitad del siglo XIII. En al año 1169, se produjo el cerco y la toma de Badajoz por Alfonso I de Portugal. Sin embargo, el rey leonés Fernando II, que esgrimía derechos sobre su conquista, ayudó a los musulmanes a recuperarla. El rey leonés consiguió entrar en Cáceres en 1170, por un pacto con Alfonso I. Durante el reinado de Alfonso IX de León, sucesor de Fernando II, se produjo la reconquista casi total de las tierras extremeñas (1227-1230). De la primera mitad del siglo XIV datan los intentos de conquista de tierras extremeñas por parte de Portugal. Estos avances, y la guerra de Sucesión de Castilla entre los partidarios de Juana la Beltraneja (apoyados por Portugal y gran parte de la nobleza de Extremadura) y los de Isabel (más tarde Isabel I la Católica), hicieron que cruentas batallas tuvieran lugar en territorio extremeño, como la de Albuera de Mérida, en 1476, en la que vencieran los partidarios de Isabel I, garantizando a ésta el trono castellano.

Tras el descubrimiento de América, muchos extremeños marcharon hacia las nuevas tierras: el gobernador de las Indias, fray Nicolás de Ovando, abrió el camino. De Cáceres, salieron Pizarro hacia el Perú; Orellana, al Amazonas; Paredes a Venezuela. De Badajoz, Hernán Cortés, a México; Balboa a Panamá; Valdivia a Chile; Soto a Florida; Alvardo a Guatemala; y Belalcázar a Quito. El territorio extremeño fue dividido en Alta y Baja Extremadura, división que se respecto hasta el reinado de Carlos III, quien reducirá sus límites en 1785. En 1704, Felipe V declaró la guerra al país vecino. Varias poblaciones extremeñas fueron ocupadas por los portugueses. Tras la firma de los tratados de Utrecht (1713), se puso fin a la guerra. Portugal devolvió los territorios ocupados, recibiendo a cambio la Colonia del Sacramento, en la actual República Oriental del Uruguay, que había sido ocupada por España. A finales del siglo XVIII, con motivo de la reestructuración territorial, pierde debe ceder varios municipios de la región oriental, que se incorporaron a Toledo. A principios del siglo XIX, se produce un nuevo conflicto con Portugal, estallando la llamada guerra de las Naranjas. Durante la guerra de la Independencia, Extremadura fue escenario de varios enfrentamientos bélicos, rechazando al invasor francés. Al reorganizarse el territorio español en 1833, fueron creadas las provincias de Cáceres y Badajoz, que prácticamente coincidían con los territorios de la Alta y la Baja Extremadura. En el siglo XX, el rey Alfonso XIII visitó Las Hurdes, en 1922, descubriéndose ante la opinión pública el atraso de la región. Durante la Segunda República, se establecieron las bases de lo que luego sería el Plan badajoz, consistente en el aprovechamiento agrario e industrial. La Guerra Civil se mostró duramente en el territorio extremeño. Poco después del estallido, el general Yagüe tomó Badajoz, quedando Extremadura en territorio nacional. Años después del fin de la Geurra Civil, buscando superar la depresión económica que sufría la región, se puso en marcha el llamado Plan Badajoz (1952), con el fin de aprovechar las aguas del Guadiana para el desarrollo de la agricultura de regadío, objetivo que se consiguió tras la construcción de la presa del Zújat (1965). El régimen preutonómico se estableció en Extremadura en 1978, y la Ley Orgónica de 25 defebrero de 1983, puso en vigencia su Estatuto de Autonomía, conforme las normas constitucionales, celebrándose las primeras elecciones a la asamblea regional en mayo del mismo año.

 
 
 

 

 

iberinfo.com.ar es miembro fundador de APEA (Asociación de la Prensa Española en Argentina)
2000-2009