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Galicia
 
 

La comunidad autónoma de Galicia está situada en el noroeste de la península Ibérica. Limita al norte con el mar Cantábrico, al este con el Principado de Asturias, y Castilla y León. Al sur, limita con Portugal, siendo el curso del río Miño parte de su frontera. Y por el oeste, baña sus costas el océano Atlántico. Con 29.572 km2 de superficie, ocupa el séptimo lugar entre las comunidades autónomas de España. La forman cuatro provincias: A Coruña (7.949 km2), Lugo (9.856 km2), Ourense (7.273 km2) y Pontevedra (4.494 km2). La población es de 2.825.020 habitantes (estimación de 1995). Su densidad supera los 95 hab/km2, siendo mayor que la media española, de 80,1 hab/km2. Las principales ciudades gallegas son Santiago de Compostela, la capital de la comunidad autónoma, con 94.057 habitantes. Vigo, importante ciudad portuaria, con 290.582 habitantes. Y las capitales de provincia: Lugo (88.253 habitantes), A Coruña (254.822 habitantes), Ourense (110.796 habitantes) y Pontevedra (77.282 habitantes). Dos son las grandes zonas en que generalmente se divide la comunidad: Galicia interior, y Galicia costera. La denominada dorsal gallega o Galaica, es el sistema montañoso que las separa, con alturas que no superan los 1.200 metros. Desde ella, hacia el mar, se extiende una zona de relieve ondulado denominada 'escalón de Santiago', descendiendo hasta los 200 m de altitud. Un relieve montañoso moderado, cortado por valles y las rías gallegas, son las características del litoral gallego. Las mayores alturas de Galicia se encuentran en las sierras orientales (Ancares, Caurel, Segundera, Queixa y San Mamede), y ellas son: Pena de Trevinca (2.095 m), Penarrubia (1.826 m) y Cabeza de Manzaneda (1.778 m).

Hacia el oeste, se encuentra la meseta Central lucense (Terra Cha, o Tierra Llana), una vasta extensión llana. Los ríos gallegos son caudalosos y fluyen hacia las dos grandes vertientes: la atlántica y la cantábrica. Los ríos de la vertiente atlántica son los más largos y los que presentan mayor caudal. Destaca el río Miño, con 340 km de longitud, y su afluente, el Sil, que se extiende a lo largo de 228 km. El clima oceánico es el característico de Galicia, caracterizado por la regularidad de las precipitaciones, que oscilan entre los 1.000 y 1.500 mm anuales repartidos por toda la comunidad. La temperatura es moderada, con una oscilación térmica anual reducida (8,8 °C en Fisterra, junto a la costa, y 15,5 °C en Ourense). La primeras evidencias de presencia humana en Galicia se remontan al paleolítico (gándaras de Budiño). Con los celtas procedentes de las orillas del Mar Caspio y las montañas del Caucaso, en el siglo VII a.C., se empieza a crear en Galicia una cultura con identidad histórica propia. Desde los finales de la edad del Bronce, hasta la llegada de los romanos, se desarrolla la cultura castreña. Eran los castros poblados fortificados de planta circular u oval cubiertos de paja y ramas.

Los más conocidos son los de Santa Tecla (A Guarda, provincia de Pontevedra), Foz (Lugo) y Castromao (Celanova, cerca de Ourense). Fenicios y griegos navegaron frente a las costas gallegas, desde el año 1000 a.C., haciendo escala en las rías. En el siglo I a.C. llegaron los romanos a Galicia. Con la división territorial de Augusto, Galicia fue adscrita a la provincia Tarraconense. En el año 216 Caracalla instituyó una cuarta provincia, Hispania Nova Citerior Antoniana, segregada de la Tarraconense, y que agrupaba tres conventos jurídicos (conventus): Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Asturiaca Augusta (Astorga), que tras la reorganización del imperio por Diocleciano, recibió el nombre de Gallaecia, dando origen a la denominación actual de la región. Si bien la cultura celta sobrevivió a los romanos, la presencia de estos sigue presente hoy en las murallas de Lugo, el puente romano sobre el Miño y la Torre de Hércules (A Coruña), entre otras muestras destacadas. Tras la pérdida de estabilidad polítuica del Imperio Romano, a partir del siglo III, llegaron los suevos a la Península en el año, junto a los vándalos asdingos, en el año 409; ocupando la Gallaecia, emigrando los primeros hacia tierras del sur (Bética) y el norte de Africa, asentándose los suevos en la zona, donde formaron un reino. Los suevos se enraizaron con la población autóctona de la zona, y fueron determinantes a la hora de enraizar el cristianismo en Galicia. Posteriormente, en el siglo VI, el reino suevo quedó incorporado a la monarquía visigoda de Toledo. Los musulmanes penetraron en Galicia en el año 716, y el reino visigodo se desintegró. Galicia fue ocupada durante algunos años por lo moros.

 

Pero terminaron siendo expulsados de la tierras gallegas por el rey Alfonso I el Católico, que incorporó Galicia a la corona asturiana. A principios del siglo IX se produjo un hecho legendario de gran trascendencia para Galicia. Una luz sobrenatural indicó a un eremita la localización del sepulcro del apóstol Santiago. Sobre él, el obispo Teodomiro mandó construir un templo, hacia el que pronto comenzaron a dirigirse los peregrinos, para venerar al Santo. Así nació Santiago de Compostela, en torno a un pequeño templo, que fue posteriormente fue convertido por Alfonso III en una rica basílica de tres naves. El reino de Galicia se formó en la Alta Edad Media, incluyendo también las tierras del norte de Portugal. La primera vez que surgió como reino independiente de León, fue en el reparto de los dominios de Alfonso III. Ordoño II fue su rey, entre 910 y 914. La muerte de su hermano García le permitió pasar a León. En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho I, este último, coronado en Santiago, se refugió en Galicia, en 926, manteniendo un reino independiente. A la muerte de Fernando I (1065) Galicia correspondió por herencia a García I, que estableció la capital del reino en Ribadavia e impuso vasallaje a los reinos taifas de Badajoz y Sevilla. En 1090, Alfonso VI de León depuso a su hermano García y concedió Galicia, a título de condado pero con relativa independencia, a su hija Urraca, casada con Raimundo de Borgoña. Las tierras al sur del Miño (condado de Portugal) fueron otorgadas a su otra hija, Teresa, casada con Enrique de Borgoña. Con el obispo Diego Gelmírez, en el el siglo XII, Galicia vivió uno de los capítulos más brillantes de su historia. Hacia el final de la edad media, se produjo la rebelión de los Irmandiños (siglo XV), revuelta del campesinado contra la opresión feudal, imponiéndose la nobleza sobre las pretensiones populares.

Con los Reyes Católicos (finales del siglo XV y principios del XVI) Galicia pasó definitivamente a depender de Castilla. Durante la edad moderna Galicia sufrió, en general, una época de decadencia. Las guerras con Inglaterra arruinaron el comercio tradicional de vino y lino; el corsario Francis Drake atacó repetidamente las ciudades costeras; y la guerra con Portugal (1640-1649) aceleró la regresión económica. La edad contemporánea se inició con la guerra de Independencia contra los franceses. El 30 de mayo de 1808, A Coruña inició un levantamiento popular contra los franceses, bajo la dirección de Sinforiano López, quien fuera ahorcado en 1814, por sus ideas liberales. El 4 de julio de 1809, el general Ney fue vencido en Ponte Sampaio, y a finales del mismo mes, Galicia se vió libre de la presencia francesa. Restablecida la Constitución de 1812, el liberalismo fue bien acogido en Galicia. Durante las guerras carlistas, Galicia permaneció -en general- en el bando isabelino, viéndose partidas carlistas en el campo gallego. En la segunda mitad del siglo aparece la generación del Rexurdimento (resurgimiento) cultural. En 1863 Rosalía de Castro publica Cantares Gallegos. Surge el galleguismo político, con Manuel Murguía y Alfredo Brañas, que publica El Regionalismo, en 1889. En el siglo XX se industrializan de algunas zonas del país (Ferrol, A Coruña y Vigo), formándose un proletariado poco numeroso pero muy combativo, en gran parte de tendencia anarquista. El 28 de junio de 1936, Galicia aprobó en plebiscito por una gran mayoría su estatuto de autonomía que, debido a la sublevación militar del 18 de julio del mismo año y el posterior régimen franquista, no llegó a entrar en vigor. Durante la Guerra Civil, Galicia fue ocupada desde el principio por las tropas nacionalistas. Sin embargo, y aunque el mismo general Franco hubiera nacido en Ferrol, Galicia no prosperó durante el régimen franquista, siendo entonces el interior gallego una de las zonas más subdesarrolladas y aisladas de España, pese a la ejecución de algunas obras públicas. En los primeros años del franquismo, Castelao y Galicia Emigrante, Unión de Intelectuales Libres, y Mocedades Galeguistas, entre otros, promovieron el sentido de la nación gallega desde el exilio. Con la llegada de la democracia, el Estatuto de Autonomía de Galicia fue aprobado en referendum celebrado el 21 de diciembre de 1980, por el 71 % de los votantes, y entró en vigor el 6 de abril de 1981.

 
 
 

 

 

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