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icen que los sueños muy rara vez se cumplen, y este tal vez sea el primer impedimento para que se cumplan: pensar que queremos realizar algo que es muy difícil de lograr, que es casi imposible llevarlo a cabo; - es un sueño, nos dicen. Mucho depende del empeño que pongamos nosotros en querer realizar ese sueño, en demostrarle a los demás y a nosotros mismos que aunque difícil hay pocas cosas que uno no puede realizar si se lo propone. Hace más o menos 10 años empezó a dar vueltas por mi cabeza una idea que en aquel momento parecía loca, algo que parecía imposible de poder concretar, en pocas palabras un sueño. Ese sueño era hacer El Camino de Santiago. Mucho había leído yo sobre este itinerario tan viejo y tan significativo en la historia de España, también lo había vivido desde muy pequeño, pues siendo muy niño, recuerdo ver pasar por la carretera algún peregrino, claro que yo no tenía idea de donde venían y hacia donde iban. Después de mucho leer me di cuenta la importancia que había tenido este Camino, la cantidad de gente que en la antigüedad lo había transitado, la cantidad de gente importante que por el pasó, reyes, próceres, héroes, literatos, pecadores y hasta santos, parte de la historia inicial de España corría por este Camino , como si fuese una vena por la cual corre sangre para irrigar el cuerpo de una nación que estaba por nacer. Comencé a darme cuenta de la importancia que tenía, y había tenido el Camino y empecé a sentir una especie de orgullo, pues yo había nacido en el Camino de Santiago, algo que no muchos españoles pueden decir. También empecé a sentir una especie de obligación, debía pagar con algo ese designio del destino por haberme hecho nacer en un pueblo por el cual, en la antigüedad habían pasado millones de personas en pos de Santiago. Sentí que por haber nacido en el Camino, yo tenía la obligación de ir a rendirle mi tributo al Apóstol. Tal vez mi condición de emigrante, le agregaba una cuota más de obligación a la que ya sentía, y desde Buenos Aires lo veía como toda una aventura. Mi sueño empezaba a cobrar fuerza, empezaba a sentirlo como un desafío, ya dejaba de ser eso que algún día quisiera hacer, pero que era una utopía, para convertirse en algo que estaba decidido ha hacerlo. Por mucho tiempo fue un sueño secreto pues no lo quería comentar con nadie, pues yo sabía que en aquel momento había cosas insalvables, como, el tiempo que necesitaba , con quien quedaban los chicos, la disponibilidad de tiempo en el trabajo, y otro montón de esos peros, que siempre se interponen en nuestros sueños. Y después de mucho esperar, llegó el momento en que sentí la necesidad de que ese sueño se hiciera realidad, y se lo comenté a Nora. Al principio no le gustó mucho la idea, que yo hiciera el Camino solo, que ella tuviera que quedarse 15 días sola en el pueblo, y yo, por el medio de las montañas, no le convenció la idea, pero me parece que se dio cuenta que era algo muy madurado y ni siquiera ensayó una queja, sabía que era algo decidido. Esto fue hacia fines de 1998. Le comenté mi sueño a mis hijos, Pablo, Leo y Marisol, y a ellos les encantó la idea, sentí que me apoyaban y no lo tomaban como un delirio, tal vez este fue el empujón que necesitaba para decidirme, pensé que si le ponía una fecha, mi sueño pasaba a la categoría de compromiso, y la idea me gustó. En enero del 99 , estando de vacaciones, le dije a Nora que le había puesto fecha a mi sueño y que sería en el invierno de 2000 (verano en España), ella me dijo que no había problema y que me apoyaba en todo, pero con una condición: el Camino lo hacíamos juntos. Debo reconocer que al principio no me convencía mucho la idea, dudaba de su capacidad de resistencia, pero al poco tiempo no concebía el viaje sin ella. Por aquel entonces, estaba yo un poco caído de ánimo, y este proyecto fue el mejor medicamento que cualquier médico me pudiera recetar, en los momentos de depresión en vez de tomarme una pastilla, como cualquier otro hubiera hecho, yo sacaba mis libros sobre el Camino, y empezaba a recorrer con la mente, caminos imaginarios, y mis problemas aunque sea por un rato pasaban a segundo plano. Me parece algo muy interesante para el tratamiento de la depresión tan de moda, desgraciadamente, en estos tiempos, el hecho de tener un sueño, tener un proyecto, tener algo que nos entusiasme, tener algo en que pensar, que nos distraiga de nuestros problemas cotidianos, yo debo decir que hacer el Camino me sirvió mucho, aún durante mucho tiempo antes de concretarlo. Claro que esto también tiene su contra: la ansiedad. Son incontables las veces que hice el Camino con la mente, me conocía de memoria los cientos de pueblos por los cuales pasaría, me imaginaba el recorrido por el pequeño tramo que yo conocía, me empezaba a imaginar como sería cruzar una montaña o atravesar un valle, me imaginaba un viaje al estilo medieval, y siempre en mi mente cruzaba la posibilidad de no poder llegar, más ahora que éramos dos y si bien nos ayudaríamos mutuamente, la posibilidad de problemas de salud se había duplicado. Pablo empezó a bajarme información de Internet, el entusiasmo se contagió en la familia, y el tema del Camino era cotidiano, a mi nunca me gustó hablar mucho de los proyectos por miedo a que se pinchen y que queden como una frustración dolorosa, pero esta vez era diferente, presentía que este no se iba a pinchar, estaba convencido que este sueño se estaba transformando en una realidad. Cuando mis padres se estaban por ir a España, a principios del 99 les comenté mi proyecto, recuerdo que mi madre se emocionó mucho , y ambos se pusieron muy contentos, cuando volvieron me trajeron una guía muy buena de esas que hay para ayudar al caminante, durante casi un año ese libro estuvo en mi mesita de luz , fue mi libro de cabecera, no pasó un solo día, en que no lo consultara por alguna duda. Recuerdo que a fines de junio del 99, que era para cuando yo tenía programado hacer el viaje, al año siguiente, pasé quince días haciendolo imaginariamente, día por día, imaginando las etapas, pensando donde parar, y una y mil veces imaginando mi entrada en Santiago de Compostela. Muchas veces por estas épocas, trataba de no pensar en el viaje, pues aún faltaba casi un año y tenía que seguir haciendo mi vida, y la espera se haría muy larga, entonces guardaba los libros, los apuntes, y trataba de que mi cabeza girara en torno a otra idea, momentáneamente lo lograba pero a los dos días, inconscientemente, volvía a desempolvar mis recuerdos,(aunque no le daba ni tiempo que juntaran polvo, pero bueno , es una manera de decir) y empezaba otra vez mi viaje imaginario. Leí mucho, arte, cultura, historia, relatos, refugios, todo lo referente al Camino de Santiago que caía en mis manos, y no puedo decir que no me sirvieron, porque todo ayuda, pero el viaje es una experiencia propia, es una vivencia única que nadie nos puede contar, tenemos que vivirla, y cada uno sacará su propia experiencia y seguro nunca va a ser igual en dos personas. Mucho influye el móvil que nos lleva a realizar esta experiencia, nunca van a ser iguales las vivencias de uno que lo hace, por turismo a otro que lo hace movido por la fe. Estoy seguro que para cualquiera de los dos la experiencia será igualmente placentera y reconfortante, pero lo que le va a dejar a cada uno será totalmente diferente. Llegó marzo de 2000, llegaba la hora de empezar, a realizar ya pasos concretos del sueño, y no digo pasos como una etapa más de un proyecto, digo pasos en el sentido literal de la palabra, pues lo primero que había que hacer, si uno pretendía concretar el proyecto, era estar en buena forma física, entonces los fines de semana, había que salir a caminar. Recuerdo el primer día que salimos, a los 300 mts. estaba agotado, claro que era más por los nervios que por el cansancio físico, de todas maneras ese primer día hicimos alrededor de 7 kms. con dos descansos y llegué agotado. Me preocupé mucho, pues me di cuenta que había caminado miles de kms. con la imaginación y nunca me había cansado, pero los primeros 7 kms. que hice con los pies me habían dejado extenuado. Confieso que me preocupé de verdad, pues en los cálculos que yo había hecho, calculaba un promedio de 25 kms. por día, y en ese momento no me imaginaba, hacer 25 kms. en un solo día y mucho menos volverlos a hacer al día siguiente y al otro y al otro y ...! no, es una locura!. Si bien uno sabe que la resistencia muchas veces está en la mente más que en el cuerpo, a la hora de la verdad éste también cuenta y por ahora decía que era imposible. Pero ya sabemos que en todo sueño siempre hay un imposible por allí metido. Y por más de dos meses no hubo fin de semana que no saliéramos a caminar, los registros iban aumentando día a día y con ellos el entusiasmo. Siempre salíamos sin un rumbo fijo, y cuando llegábamos a casa, guía de por medio sacábamos nuestras cuentas, a veces nos preocupábamos pues habíamos hecho mucho menos de lo que creíamos y otras nos alegrábamos porque hacíamos más de lo que habíamos pensado. Pero cada día los kms. se hacían más pequeños y las ilusiones más grandes, hasta que un día hicimos 23 kms. en poco más de 5 horas, y fue cuando pensamos que el sueño estaba al alcance de la mano. Aunque siempre había un pero, una duda, pues pensábamos que no era lo mismo hacer el mismo camino en plano, que en montaña, no era lo mismo hacerlo con la temperatura otoñal con la cual estábamos practicando que soportar calores de más de treinta grados, no era lo mismo caminar sin ningún peso, que llevar constantemente una mochila, no era lo mismo caminar 23 kms. estando totalmente descansado que caminar 23 kms. después de venir de varios días caminando lo mismo, eran muchas dudas que no nos podíamos sacar, hasta estar en plena marcha. Recuerdo con mucha nostalgia, esos meses previos a la partida en que todo son ilusiones, todo proyectos. Uno tenía que seguir haciendo su vida normal, pero la cabeza estaba en otra sintonía, ya para ese entonces habíamos reservado los pasajes con bastante anticipación, no vaya a ser que un imprevisto, postergara algo que para nosotros era impostergable. Nuestras ilusiones tenían día y hora, saldríamos el 24 de junio a las 21.40 hs. Las últimas semanas nuestra vida fue una cuenta regresiva hacia esa hora. Y ya tres meses antes sabía que el 29 de junio a las 8 de la mañana, era el día y la hora que venía soñando desde hacía 10 años. Ese día y a esa hora estaría en el Crucero preparado para emprender el Camino. Al acercarse más la fecha, repasando la guía de peregrinos trataba de hacer cuentas más concretas sobre cuanto tardaría en tal etapa, como sería el Camino más allá de El Bierzo que era hasta donde yo más o menos conocía. No sé lo que hubiera dado por poder hablar con alguien que ya hubiera hecho el Camino, para que me asesorara, para que me sacara esa enorme cantidad de dudas que me preocupaban, pero no tenía a nadie en esta parte del mundo, todo lo tenía que sacar de los libros o imaginármelo. Hablaba de lugares que no conocía; O Cebreiro, Triacastela, Sarria, Portomarín, Melide, Pedrouzo, Labacolla, todos ellos y muchos más pasaban por mi mente, como si fuesen pueblos que conocía de toda la vida, pero en realidad no tenía idea de como eran, por ahora todo mi conocimiento venía de los libros o de mi imaginación. El tema de los albergues de peregrinos era algo que desconocía totalmente, pues si bien, tenía una lista de ellos más o menos actualizada, nunca había pensado en parar en ellos pues no sabía el ambiente que encontraría, sus comodidades, su higiene. Si el viaje lo hiciera solo no tendría tantas dudas, pues me parecía que parar en ellos formaba parte del espíritu del caminante, y de la aventura que significa hacer la Ruta Jacobea. Pero yendo los dos, se me hacía difícil imaginar, como sería convivir con gente que uno no conoce, no sabía si había pabellones separados para hombres y mujeres, no sabía si había camas o habría que dormir en el suelo, de todas maneras, era una cosa que no me preocupaba demasiado, pues hoteles u otro tipo de hospedaje seguro que abundaban a lo largo del camino, eso era por lo menos lo que me informaba mi inseparable guía. La preparación de la mochila también fue todo un tema, sabíamos que todo lo que lleváramos en ella tendría que ir sobre nuestros hombros por más de 300 kms. La decisión , previo asesoramiento de los libros, fue llevar lo indispensable, y cuando digo lo indispensable me refiero a lo mínimo, no íbamos a ir al medio del desierto, y en los pueblos grandes habría comercios para satisfacer necesidades más o menos urgentes, así que no era cuestión de llenar la mochila de cosas "por las dudas", pues por esas cosas raras que tiene la interrelación de la física y el cansancio, un kilo en tu casa no pesa lo mismo que un kilo en tu mochila, después de haber caminado 20 kms. Otra cosa que me preocupaba mucho era el asunto de cómo guiarme en el Camino pues sabía que en su mayoría transcurría por caminos de montaña, estrechos senderos en los valles o las laderas, por "corredoiras"(que en ese momento no sabía de que se trataba), viéndolo en la guía me parecía imposible de llevarlo a la práctica y estaba seguro que en algún momento nos íbamos a perder y ¿que haríamos si nos perdemos en algún lugar despoblado?. No quisiera aburrirlos con los detalles de los días previos, lo que sí les puedo decir que estaba muy nervioso, muy ansioso, las cosas pasaban a mi lado y ni las miraba, tenía unas anteojeras, que lo único que me permitían ver era el 24 de junio a las 21.40 hs. Y como sabemos, para bien o para mal, los plazos se cumplen, y el día de partir llegó. Gracias a Dios no era la primera vez que viajaba a España, pero esta vez las expectativas eran distintas. Por supuesto que me entusiasmaba el hecho de volver a ver y abrazar a mis seres queridos, el hecho de volver a ver a mi España añorada, el hecho de pisar nuevamente mi amado San Justo de la Vega, pero ésta vez mi objetivo era diferente al de otras veces, ésta vez mi proyecto empezaba en el Crucero y terminaba en Santiago de Compostela. Llegamos a Madrid donde nos estaban esperando Pepe y Carlos, almorzamos ya tarde en casa de Luisi, que nos estaba esperando con una rica paella, y sin disponer de mucho tiempo para compartir con nuestros primos, tomamos un autocar para el pueblo, en Astorga nos estaban esperando tía Tere y tío Ceferino, fuimos al pueblo, a casa de tía Quica que ya nos estaba esperando, junto con Chari y familia. Solo alguien que tenga familia muy querida lejos y la vea una vez cada varios años, sabe lo que estos encuentros significan, uno quiere decir y demostrar un montón de cosas y se queda mirándolos como un tonto sin atinar a decir una sola palabra que transmita sus sentimientos, limitándose a decir.." que ganas tenía de verlos". Estas emociones del reencuentro con la familia me distrajo por un par de días del motivo principal del viaje, claro que no tenía nada por que preocuparme, pues lo único que tenía que esperar era que el calendario y el reloj se conjugaran en ese momento mágico que yo había determinado. Hasta las mochilas estaban meticulosamente preparadas desde casa, venían las dos en una maleta, listas para tomarlas en el momento de partir. Aunque si lo pienso bien algo tuvimos que hacer, tuvimos que gestionar la Credencial del Peregrino. Pero, a decir verdad no tuve nada que hacer para conseguirla pues hubo quien la gestionó por nosotros, Manolo. Uno cuando realiza cosas tan llenas de espiritualidad, ve, o quiere ver signos, y tal vez haber conocido a Manolo y a Albina fue uno de esos signos que Dios nos manda como un mensaje, diciéndonos "veis, no vais a estar solos". Manolo y Albina son los padres de Vicky, una chica de mi pueblo que en viaje de estudios anduvo por Buenos Aires y acá fue donde la conocimos, es una chica encantadora, simpatiquísima, en resumidas cuentas , una persona que se hace querer, y a sus padres recién los conocimos esta vez y son esa clase de gente que uno siente que la conoce de toda la vida , y no le queda más remedio que quererlos como si formaran parte de la familia.  | Tal vez no está de más que explique lo de la Credencial. Cuando uno quiere realizar el Camino de Santiago por motivos puramente de espiritulidad o fe puede gestionar la Credencial del Peregrino que la otorgan las iglesias o los Ayuntamientos, o alguna otra entidad religiosa, esta Credencial lleva los datos del peregrino y la entidad que la emitió, en su interior lleva un montón de cuadrículas donde se va sellando a lo largo del Camino, en Iglesias , Refugios de Peregrinos y en algunos pueblos muy pequeños, se puede sellar en bares o mesones, como constancia que uno pasó por ahí. Con esta credencial uno tiene derecho a una cama en los Refugios de Peregrinos, y cuando se llega a Santiago, si acredita que uno caminó más de 100 kms. le entregan La Compostela ó Compostelana como constancia que uno hizo el Camino de Santiago bajo "Pietatis Causa". El día anterior al de la partida estaba muy nervioso, ese día estaba destinado para ir a ver a tío Cayo y a tía Angelina pero tío estaba en Madrid así que no lo pude ver hasta después de regresar. Una cosa que me pesó mucho, pues, tío, no andaba bien de salud y tenía muchas ganas de verlo. No lo podía creer estaba en la víspera de ese día que había esperado por tanto tiempo, la emoción me sobrepasaba, con la excusa que al día siguiente empezaba la caminata me fui a acostar temprano, serían las 22.30 , y recuerdo que estuve llorando por lo menos 2 horas, estaba emocionado sentía una opresión en el pecho que no me dejaba respirar, era muy fuerte todo lo que estaba viviendo, mi pueblo, mi familia, la concreción de un sueño largamente acariciado y la posibilidad de estar viviendo todo eso al lado de la persona que más quiero en la vida. Le di gracias a Dios doscientas mil veces por haberme permitido llegar a ese momento, le juré y rejuré que el motivo de mi viaje no era para pedir algún favor suyo, sino para agradecerle todo lo que me había dado en la vida y así también se lo hice saber al Apóstol. Por un lado quería dormirme rápido para que por fin llegara el momento y por otro quería que la emoción que me embargaba en aquella noche, fuera eterna. A uno le da bronca , cuando uno esperó un día por muchos años, que ese día sea de 24 hs. y que sus horas cuenten con 60 minutos, como si fuera un día cualquiera, y el día que yo estaba viviendo no era un día cualquiera, hubiera querido que ese día durara mucho más, disfruto tanto ese día ahora en el recuerdo, como cuando lo estaba viviendo, aunque lo disfruté mucho, !ya lo creo que lo disfruté!. Me desperté muy temprano lo primero que hice fue rezar una oración y ofrecerle mi sacrificio a Dios. Me levanté y me vestí con la ceremoniosidad de las grandes ocasiones , con Nora nos miramos y no nos dijimos ni una sola palabra , no hacía falta. Bajamos alrededor de las 7, tía Quica ya nos tenía listo el desayuno, y unos emparedados que insistió que lleváramos aunque sea para el primer día, desayunamos sin decir palabra y a la 7 y cuarto salimos Algo que no les había comentado, es que para mi había dos caminos, que yo los llamaba el Camino de mi Vida y otro el Camino de Santiago, el primero duraría apenas 30 minutos y el otro 11 días. Según lo había planeado, yo saldría de la casa en la cual había nacido, en casa de mis abuelos y de allí iría hasta el Crucero, pasando por el cementerio.  | | Crucero de Santo Toribio en San Justo de la Vega - Punto de partida | Así como un autómata que realiza un camino que ya ensayó cientos de veces, salimos de la casa de tía(fuimos tía Quica, Nora y yo) hacia la casa que había sido de mis abuelos, Luis y Victorina en la calle Travesía de Trascorrales 10, casa en la que yo nací, me paré frente a su puerta y recé un padrenuestro, empezó mi Camino de la Vida, cruzamos parte del pueblo, hasta el cementerio, frente a su reja, volví a rezar otro Padrenuestro por todos mis familiares que descansan en este camposanto. Desde allí esa procesión de tres personas se dirigió sin decir una palabra hasta el Crucero. En el camino se nos sumó Albina , pues nuestro Angel de la Guarda quería estar presente en un momento tan importante para mí. Allí en el Crucero terminaba el Camino de la Vida. Volví a rezar otro Padrenuestro, y volví a recordarle a Dios que no iba a pedir una gracia especial que lo único que quería era dar gracias.  | Creo que no podría escribir en estas líneas, los momentos que pasé, no estoy preparado desde el punto de vista espiritual, para describir tales sensaciones y tales vivencias y no creo que vuelva a vivir un momento igual, habrá parecidos, pero iguales no. Estaba ahí, en donde el Camino de Santiago nos regala una de las vistas más espectaculares, de todas cuantas habría de ver, divisándose en primer plano a San Justo de la Vega y en segundo plano, con el río Tuerto por medio , Astorga y tras ella el Teleno con todo el marco imponente de los Montes de León. Estaba ahí donde una vez Santo Toribio se sacudió sus alpargatas y dijo que de esa tierra no quería ni el polvo, estaba en el lugar donde empezó mi vida y a donde volveré si Dios quiere muchas veces mientras viva y estoy seguro que después, también volveré. | |