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  | San Justo de la Vega Crucero de San Justo, con una espectacular vista de Astorga con el marco imponente de los Montes de León | espués de darle gracias a Dios por enésima vez y de sacar una foto para que quede recuerdo del momento, sin perder más tiempo, empezamos el largo Camino a Santiago. En ese momento, no se explicar por qué mi estado de ánimo cambió, la opresión de mi pecho había desaparecido, había pasado ese momento tan especial para mi, me di cuenta que no estaba soñando un sueño , sino que estaba viviendo un sueño. ¿Cuántas veces había imaginado ese momento?, ¿cuántas veces le pedí a Dios que me permitiera vivir ese momento.? ¿Cuántas veces Dios me permitirá volver a vivirlo?. Como dije mi estado de ánimo estaba mucho mejor, tenía ganas de hablar, tenía ganas de caminar , tenía ganas de gritar que me sentía feliz. Cuando llegué a casa de tía entramos, sacamos la mochila que la había dejado preparada, fuimos a casa de Albina y Manolo a que nos sellaran las Credenciales, pues ellos son los encargados, saludé a tío Antonio que me había ido a despedir al Ayuntamiento, saludé a Isidoro, y varios vecinos que nos desearon suerte, y entonces sí, con la Catedral de Astorga dibujada en la pupila de los ojos, empezamos a caminar hacia Santiago. Todavía no había reaccionado del todo, seguía dando de memoria los pasos que tantas veces había ensayado con la imaginación, estaba cruzando mi pueblo, igual que hace casi 2000 años lo cruzó el Patrón Santiago, igual que lo cruzaron en la Edad Media millones de personas en peregrinaciones multitudinarias, estaba cruzando mi pueblo, no como lo crucé tantas veces en mi niñez, ni como lo crucé después ya de grande en mis visitas, lo estaba cruzando como peregrino, yo era uno de esos enigmáticos caminantes que en mi niñez tanto me llamaban la atención. Antes de salir del pueblo, cumplí con otro de los ritos que tanto había premeditado y que para mí tenía un alto sentido simbólico; tomé una piedra del suelo y la guardé en mi mochila, me acompañaría todo el camino, y la dejaría en Santiago de Compostela, tratando de realizar con ello una especie de comunión de mi pueblo con Santiago de Compostela, una especie de ofrenda de mi pueblo, de mi tierra. Como dije antes quería que el tiempo se detuviera, quería gozar de aquel instante, quería detener las agujas del reloj y sentarme a disfrutar mi momento de gloria, pero detener el tiempo es imposible, así que traté de agudizar mis sentidos y disfrutar y sentir el momento lo más que pudiera, antes de cruzar el puente y apoyado en su baranda de piedra escribí un verso, que se me ocurrió en ese momento. Cruzado el puente, anduvimos unos doscientos metros por la carretera y nos metimos por el camino viejo que une San Justo con Astorga, es un camino que va por atrás de la fábrica textil, en la cual trabajó mi padre cuando yo era pequeño, también trabajó mi tía, mi prima y gran cantidad de gente de mi pueblo, este camino va a dar a un puente romano que hay en las afueras de Astorga. Entramos a la ciudad por el barrio de San Andrés, yo nunca antes había entrado por ahí, siempre subía por el Fiolato, pero esta vez seguí, las indicaciones que debe seguir el peregrino, siempre por donde indican las flechas amarillas.  | Puente Romano: Este se encuentra antes de entrar en Astorga, llegando por el Camino viejo desde San Justo. | Entré en la ciudad que tanto conozco y que tanto amo, recorrí sus calles, admirándola tal vez como nunca la había admirado, claro en este momento no era un simple vecino era un caminante ávido de historia y obras de arte, que Astorga, tal vez como muy pocas o ninguna otra ciudad en el Camino tiene tantas para ofrecer. Una ciudad con más de 2000 años de historia, pueblo de Astures, dominada por los romanos, musulmanes y hasta un pequeño asedio de Napoleón en el siglo XIX, rica como ninguna en obras de arte, desde su Ergástula Romana, hasta el Palacio que el genial Gaudí le legó a principios del siglo XX, pasando por su Ayuntamiento y por la impresionante Catedral de Santa María, sus casas blasonadas y su muralla muy bien conservada. Llegamos y lo primero que hicimos al entrar en la plaza Gaudí, fue tratar de conseguir alguien que nos sellara la credencial, pues el sello de Astorga quería llevarlo, después de preguntar en varios lugares, conseguimos en un despacho parroquial cerca de la Catedral, que un sacerdote nos la sellara, como Astorga la conozco muy bien, no nos detuvimos más, nos despedimos de tía Quica que nos había acompañado hasta aquí, y seguimos el camino. Astorga estaba por estos días vestida de fiesta, pues se estaba exponiendo Las Edades del Hombre, una exposición para la que se estuvo preparándose por casi cuatro años y realmente estaba muy bonita. Al cruzar una de sus calles el demonio me tentó, vi un pedazo de cecina colgando de un escaparate y a pesar de las recomendaciones de no llevar nada para comer, mi gula pudo más que yo y Dios me castigó, pues no estaba bien curada y con el calor que hacía al segundo día de camino la tuve que tirar, con todo el dolor del alma, pues tenía miedo que se echara a perder y no quería que ningún imprevisto me estropeara aquello que tanto estaba disfrutando. Después de pasar por la iglesia de San Pedro de Rectivía y cruzar la N.VI, salimos de Astorga, tomamos la carretera que va hacia Castrillo de los Polvazares.  | Ayuntamiento de Astorga: Edificio Barroco que preside la Plaza Mayor. En su torre dos maragatos tocan las horas en su campana.Todo un símbolo de Astorga. | Ni bien salimos de la ciudad, nos sentamos en unos bancos a descansar, e hicimos algo que después, repetiríamos, todos los días, rezábamos un misterio del Rosario, diez Ave Marías cuando empezábamos el Camino y otras diez cuando estábamos por terminarlo. Era un día agradable y a esa hora todavía no muy caluroso, atrás dejamos Valdeviejas y Murias de Rechivaldo, nos íbamos metiendo en la Maragatería una de las regiones con más personalidad en toda España, pobre, muy pobre, pero con unas gentes, famosas por su laboriosidad y su honradez. El Camino me sacaba de Castrillo, pero nosotros seguimos la carretera, para pasar por él, es un pueblo que realmente vale la pena hacer un par de kms. más. Entrando por sus calles uno parece que se hubiera transportado a la Edad Media, está declarado Monumento Histórico Nacional y todo se conserva con el mismo estilo arquitectónico y aún lo que se construye hoy tiene que hacerse respetando las líneas arquitectónicas existentes.  | Castrillo de los Polvazares: Pueblo maragato por excelencia,sus calles y sus casas son de piedra, pero tambien es famoso por su Cocido Maragato. | Como si fuera poco, es famoso por su gastronomía, pues es muy preciado su Cocido Maragato y hay varios restaurantes en el pueblo que lo sirven. Era una lástima no aprovechar ésta exquisitez gastronómica, pero eran las diez y media y el estómago no me daba para un cocido. Aunque lo mismo entramos en un hostal que es de un amigo mío, con la esperanza de verlo, pero no estaba, tomamos un refresco descansamos un poco, disfrutamos la vista que hay desde su salón y retomamos la marcha. Otra vez nos salimos del camino normal, pues el encargado del hostal, nos dijo que era mucho más bonito el paisaje si nos metíamos por el valle, de todas maneras encontraríamos el camino a Santa Catalina un poco más adelante. Valió la recomendación, si bien es una zona árida hay paisajes muy hermosos, durante todo este trayecto cada 100 mts. me daba vuelta para ver el paisaje, pues estábamos dejando atrás la monumental Astorga y cada recodo del sendero nos ofrecía una vista distinta. Al poco rato cruzamos Santa Catalina, un pequeño pueblo sin otra belleza que el imponente marco que la rodea. Uno se pregunta realmente como pueden sobrevivir estos pueblos, pues toda la zona es de cultivo de secano, con una tierra rojiza y pedregosa. A esta altura del día ya estábamos un poco cansados, sería un poco más del mediodía, y el sol caía como un mazazo sobre nuestras cabezas, empezábamos a sacar cuentas de la hora que era, y los kms. que habíamos recorrido, el miedo de una frustración rondaba nuestras cabezas. Nos cuidábamos al pisar, pues una torcedura o un esguince nos dejaría fuera de carrera a los dos, porque era algo que habíamos arreglado antes de salir, de llegar tendríamos que hacerlo juntos, o los dos o ninguno. A esta hora del día había algo que nos llamaba poderosamente la atención; todavía no nos habíamos encontrado con ningún peregrino, nos parecía muy raro, pues cuando estamos en San Justo es incesante el paso de caminantes y si bien por varios kms. nos habíamos desviado del Camino, bastante tramo lo habíamos hecho por el que indican las Guías y las flechas amarillas. En Santa Catalina paramos en un bar a tomar un refresco y para que nos sellaran las Credenciales, pues la iglesia del pueblo estaba cerrada, aquí nos cruzamos con los primeros peregrinos que veíamos en el día, eran catalanes, pero eran de bicicleta, charlamos un rato mientras tomábamos un refresco en el bar, era una pareja, no supimos si eran matrimonio o amigos, se los veía muy cansados pues habían salido de León. Desde un poco antes de entrar en Santa Catalina, hay una especie de sendero que corre paralelo a la carretera, y es muy cómodo está hecho especialmente para los peregrinos y le llaman andaderos. A la salida del pueblo hay una especie de merendero que se nota que está recién hecho con mesas y asientos de cemento, muy bien acondicionado, aprovechamos y paramos para comer los bocadillos que nos preparara tía Quica. Estábamos muy a gusto, almorzando con una vista espectacular de la Maragatería, pues para esta etapa ya habíamos ganado altura y el paisaje era muy bonito, pero el problema que tenía el lugar que como dije era nuevo, y no tenía sombra, tenía unos arbolitos muy pequeños que no nos protegían del sol que a esa hora pegaba con fuerza. Mientras estábamos comiendo vimos pasar al primer peregrino de a pie que nos cruzábamos, es rara la sensación que uno siente, con respecto a una persona que ni siquiera conoce. Uno vive en una gran ciudad rodeado de millones de personas y se siente solo, vive en un barrio rodeados de vecinos que aunque uno los conozca de vista y de cruzar un -buenos días-, no dejan de ser personas desconocidas y ajenas a nuestro mundo. Aquí en el medio de la nada uno se cruza con una persona a la que nunca ha visto pero se siente identificada con ella, un Camino nos hermana, tenemos algo en común, tenemos un mismo ideal y eso es suficiente, como para que el acercamiento y la comunicación sea mucho más fácil. Este merendero donde estábamos, distaba unos 20 mts. del andadero, el hombre nos miró levantó su brazo a modo de saludo y nosotros respondimos con un "buen camino" que es el saludo típico de los peregrinos, suficiente a modo de presentación, cuando nos encontráramos en otra parte del camino o en algún refugio, nos trataríamos como viejos amigos. Como dije antes, el lugar era muy cómodo, pero el sol no nos dejó parar mucho tiempo, seguimos, al rato de caminar cruzamos el pueblo de El Ganso, mejor dicho cruzamos lo que queda del pueblo, parece un pueblo en ruinas, y a esas horas, desierto, poco después , apartándose un poco del andadero vimos un lugar que nos podríamos proteger un poco del sol, y descansamos un poco. Son lugares propicios para la meditación; todo ayuda, la naturaleza , el silencio y lo que yo creo lo más importante, la predisposición que uno lleva, para repasar un montón de cosas que la vorágine de la vida moderna no nos permite hacerlo. Calculo, que deberían ser las 4 de la tarde, cuando a esta altura del día uno descansa un poco el arrancar se le hace muy difícil, las piernas parece que no responden, y los primeros 200 mts. se tornan muy dolorosos, pero una gran alegría iba a mitigar el dolor y el cansancio que en ese momento sentíamos. Como dije, en esta parte del Camino, el sendero por el que va el caminante corre paralelo a la carretera, estábamos tratando de hacer entrar en calor nuestros músculos, cuando sentimos, una bocina desde la carretera; era Vicky, que venía a saludarnos y desearnos suerte, pues cuando salimos a la mañana del pueblo ella estaba en León y no pudo despedirse. Nos dio una gran alegría y el empujón anímico para llegar al destino de la primer etapa. Y el destino de esta primer etapa, era Rabanal del Camino, pero antes de llegar todavía pudimos gozar de bellos paisajes con una naturaleza muy pobre, pero muy bonita. Antes de entrar en el pueblo hay un roble centenario, que es típico que el caminante descanse bajo su inmensa copa, cosa que hicimos con mucho gusto. Yo pienso que si no es necesario a esta altura de la etapa no es aconsejable descansar, pues arrancar, es terrible. Los últimos kms. uno mira el mapa cada poco pues le parece que no se llega nunca, que el pueblo lo han corrido para más adelante. Pero por fin llegamos, eran las 5 y media, no nos preocupamos mucho por los albergues, pues sabíamos que aunque es un pueblo pequeño tiene 3 albergues, y alguna casa con habitaciones, como habíamos visto muy pocos peregrinos a lo largo de la jornada pensamos que a esa hora estarían casi vacíos. Entramos en el pueblo por la calle mayor, y con las fuerzas casi extintas llegamos al refugio Gaucelmo, que está al lado de la iglesia. Llegamos a una casona vieja pero muy bien acondicionada, y preguntamos si había lugar para dos peregrinos, nos atendieron un chico y una chica brasileños. Nos pidieron la credencial, la sellaron, nos anotaron en un registro, y nos indicaron el lugar. Era en un primer piso, me costó mucho subir esas escaleras, y me sorprendió mucho cuando abrió la puerta de la estancia, una habitación de más o menos 10 x 5 , llena de literas muy bien dispuestas, digo que me sorprendió, pues estaba llena, creo que quedaba lugar para nosotros dos. Estaba tan cansado, que lo único que hice fue acomodar mi mochila en un rincón y tirarme en la cama, a esa hora estaban casi todas las camas ocupadas y si había alguna vacía tenía una mochila o algo encima indicando que tenía dueño. Los primeros que llegan, por comodidad ocupan la cama de abajo, así que se imaginan que cuando llegamos las dos camas que estaban desocupadas eran las de arriba. Con las piernas engarrotadas como las teníamos no se dan una idea las figuras que tuvimos que hacer para poder subir. Una vez que logramos acomodarnos, nos quedamos inmóviles un par de horas, no dormimos pero descansamos, y ese tiempo, por lo menos para mi, era la hora que más usaba para meditar las cosas que nos habían sucedido en el día y también las cosas que nos sucedían en la vida. Cuando llegamos, un poco comprendimos como funcionan los horarios del peregrino; se levanta muy temprano y generalmente hace todo el tramo de la etapa asignada para el día, de un tirón evitando hacer pausas muy prolongadas para llegar a destino entre la una y las tres de la tarde. Estoy hablando de la generalidad, esto no quita que cada uno ande a su aire y no se preocupe por cumplir un horario, hay veces que uno llega a un refugio y no hay lugar, entonces tiene que optar por seguir hasta el próximo refugio o quedarse en algún hotel de la localidad. Hay gente que prefiere hacer una parada muy prolongada a la hora que el sol está muy fuerte y hacer el último tramo por la fresca, pero este sistema tiene la contra que si uno llega muy tarde a los refugios existe la posibilidad de que estén completos. Esto siempre depende de la época del año en que se haga la peregrinación. Después de descansar, nos duchamos, y bajamos al patio, empecé a darme una idea de lo que era un refugio de peregrinos, bastante lejana de la que yo llevaba. Era un lugar limpio, recién pintado con unos baños super limpios, literas nuevas con sus colchones, todo tipo de comodidades, había lavadora automática con fichas, y una huerta enorme en el fondo donde colgar la ropa. A eso de las 19 , 19.30 hs. la habitación quedó prácticamente vacía, aprovechamos para bañarnos, y cambiarnos, parecía que habíamos recuperado parte de las fuerzas, aunque las piernas todavía no respondían muy bien. Yo con mi mentalidad argentina, me preocupaba mucho, donde dejar la mochila, como cuidar nuestras cosas. Pero me sorprendí mucho cuando me di cuenta que todo quedaba a disposición de todos, nadie guardaba, ni escondía nada, nadie tocaba nada que no fuese suyo, todas las preocupaciones que previamente llevaba se disiparon en un momento, y como hacían todos los demás, ahí, encima de nuestras camas quedaron todas nuestras cosas, nadie jamás ni en este refugio ni en ningún otro, tocó nada. Tal vez es un detalle que la mayoría de los peregrinos no habría reparado en él , pues sería lo normal, pero para la sociedad y el medio en el que vivimos, creo que es un detalle para destacar. Era un crisol de razas y de lenguas, por lo que pude ver mientras nos anotaban en el registro, había franceses, alemanes, austríacos, ingleses por supuesto españoles y hasta una argentina. Respecto al costo de estos refugios, diré aunque no lo crean que la mayoría son gratis, piden una colaboración a voluntad, y otros que son municipales, cobran entre 400 y 500 Ptas. (2,50 y 3 pesos). El ambiente que se vive en los refugios es de total respeto y armonía, hay de todo, grupo de muchachos, grupo de chicas, grupos mixtos, parejas, familias, y muchos que van solos o solas. A eso de las 20.30 salimos a dar una vuelta por el pueblo, es pequeño, de estructura medieval con algunas casas derruidas y con otras reconstruidas que realmente son una belleza, la iglesia estaba cerrada y no pudimos entrar, lo que puedo decir que era muy antigua, calculo del siglo XIV ó XV. No creo que el pueblo tenga más de 20 vecinos, pero tiene tres restaurantes, uno de ellos muy lujoso. Dicen que este pueblo hace unos cuantos años estuvo al borde de la desaparición, pero aparentemente el impulso que le está dando el resurgimiento de las peregrinaciones, no solo lo está salvando sino que lo está haciendo crecer. A las 21 todo el mundo se apresta para cenar, se cena muy temprano, porque a las 22.30 ya casi todo el mundo está acostado. Es de destacar que en pleno verano a las 22.30 no se ha puesto el sol, es decir que casi todos los días nos acostábamos siendo aún de día. Todos los refugios están dotados de cocinas muy bien equipadas, donde todos usan todo lo que necesitan, lo lavan y lo vuelven a poner en su lugar. Inclusive siempre se encuentran cosas que otros no usaron y dejaron para que el que viene atrás, si quiere, las use.(medio paquete de fideos, una manzana, una botella de aceite, etc.).También es muy corriente, que gente que dos horas antes no se conocían los encuentre la cena compartiendo una misma mesa, e intercambiando opiniones de la jornada de camino y de las expectativas sobre la siguiente. Nosotros casi siempre cenamos en restaurante, este día estábamos disfrutando de un hermoso atardecer viendo como el sol se ocultaba tras las montañas, cuando a la 21.30 fuimos a cenar, estaba el restaurante casi completo, por supuesto de peregrinos, comimos sopa de pescado, que más que sopa era una cazuela por la cantidad de mariscos que tenía, y después cordero guisado con patatas, y postre y vino !que exquisitez!, en el medio de la cena escucho que nos llaman, eran la pareja de ciclistas que encontramos en Santa Catalina, ellos estaban parando en el restaurante, que también disponía de habitaciones, estuvimos charlando un rato de como habíamos concluido la jornada y cuando terminamos nos despedimos como grandes amigos. También en el restaurante estaba una familia de ingleses, que habíamos visto en el refugio, que también coincidimos en otras etapas. A las 22.30 en punto entramos en la habitación, ya casi todos estaban acostados, de todas maneras hasta las 23 hay un poco de movimiento de gente que llega un poco más tarde, gente que va al baño, pero a partir de esa hora, ya casi nadie se mueve, y si se mueve, juro que nunca la escuché, porque dormía como un lirón. | |