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"Sueño" Diario de un Peregrino - Etapa III
 
 


manecimos el 1 de julio a la misma hora de siempre, nos preparamos, testeamos nuestros músculos, todo estaba en orden para emprender otro día de larga caminata, a las 7 en punto empezamos a caminar. Al poco rato de arrancar se nos presentó a la vista Ponferrada, parecía que estaba cerca pero tuvimos que caminar un par de horas para llegar a ella .

Es la diferencia que tiene el camino en los paisajes abiertos, uno tiene un panorama un poco más amplio del horizonte, pero también la impaciencia es mayor, pues parece que está al alcance de la mano y uno no termina nunca de llegar. Nos impresionó lo grande que es la ciudad, ya desde varios kms. antes de entrar en la ciudad se empiezan a ver , quintas, casas de fin de semana, huertas, fábricas, talleres, etc.. Las flechas amarillas nos iban indicando el Camino, formando un laberinto propio de las grandes ciudades, que a mi no me gustaba mucho, quería salir rápido del ámbito de influencia de la ciudad y volver a quedar a solas con la naturaleza.

Ponferrada:
Castillo de los Templarios, habitado por los monjes guerreros desde 1178 hasta la disolución de la Orden en 1312. Ponferrada es la capital del Bierzo y una de las grandes ciudades que se cruza en esta parte del Camino.

De todas maneras no teníamos otro remedio que cruzar la urbanización, a poco de meternos en la ciudad propiamente dicha nos encontramos con el Castillo de los Templarios, una edificación impresionante y en más o menos buenas condiciones de conservación, su silueta dibujada sobre el cielo, llevaba mi imaginación, hacia la época de los templarios, me acordé inmediatamente de El Señor de Bembibre esa magnífica obra de Enrique Gil y Carrasco, que parte transcurre entre sus torres. Magnífico edificio, lo recorrimos por dos de sus laterales, no sabemos si se podría visitar por dentro, pero, nos conformábamos con ver su majestuosa silueta.

Eran las nueve pasadas de la mañana y todavía no habíamos desayunado, al pasar el castillo se llega a una parte más céntrica de la ciudad, justo estaban abriendo un bar y fuimos los primeros en entrar, nos sentamos y teníamos calle de por medio a uno de los muros del impresionante castillo. Con esa vista privilegiada desayunamos, y un poco más reconfortados seguimos la marcha.

Cruzamos el río Sil, y todavía tardamos un rato en salir de la ciudad, que se deja definitivamente una vez que se cruza por debajo la nueva autopista A-VI, nos esperaba un largo tramo de terreno más bien llano, cruzando todo El Bierzo, es una zona que está toda sembrada, muchas huertas, es una zona muy feraz, y está aprovechada al máximo, llama la atención la intrincada red de canales y acequias que llevan el agua hasta el último rincón. El itinerario discurría ahora por un camino vecinal, por terreno totalmente llano, que después de 8 km. nos lleva a Camponaraya después de pasar Columbrianos y Fuentes Nuevas.

En Camponaraya entramos a un bar para hacer servicio completo; beber, desbeber y sellar las credenciales, una vez adentro aprovechamos para descansar un poco, pues nos pusimos a charlar con el dueño del bar y un peregrino que durante ese día lo habíamos cruzado dos o tres veces y nos había sacado la foto en Ponferrada. Al salir del bar para continuar viaje nos encontramos con María y Antonio, a él le había agarrado una tendinitis y estaba duro en el piso que no se podía ni mover, nos quedamos un rato con ellos, pero nos dijeron que siguiéramos que iban a ir a un ambulatorio a que le dieran algo, nosotros los dejamos y seguimos nuestro camino.

Después de cruzar todo el pueblo se pasa nuevamente la A-VI y uno se interna en un viñedo interminable, los 6 kms. que hay entre Camponaraya y Cacabelos discurren entre viñas. En determinados momentos del Camino a uno le parece, que es irreal, lo que está viviendo, paisajes, que uno siempre vio en la televisión, en los libros o simplemente los dibujaba en su imaginación , ahora los tenías ahí, a tus pies al alcance de la mano, caminábamos por caminos rurales a veces y otras por pequeñas sendas que separaban unas viñas de otras, levantábamos la vista y el verde tapizaba todo el suelo berciano hasta donde pudiéramos ver, ya el suelo no era tan plano, había pequeñas lomadas que hacía menos monótono el paisaje, por supuesto siempre rodeados a lo lejos, por los cuatro puntos cardinales por grandes cadenas montañosas. Estábamos en el medio de la gran olla berciana.

Si bien era sábado no vimos casi a nadie trabajando las tierras, tal vez las viñas a esta altura del año no requieran de mucho trabajo, tan solo el tiempo y el sol son necesarios para la maduración de las uvas. Ibamos a campo traviesa y el sol castigaba sin piedad, no había mucho lugar donde protegerse, queríamos llegar pronto a Cacabelos para tomar algo y descansar un poco. Poco antes de llegar a Cacabelos miramos para atrás y nos sorprendimos, cuando un tramo atrás nuestro, vimos venir a María y Antonio, él medio rengueando, y con la cara desencajada, pero tirando para adelante.

Cacabelos:
Frente del Antiguo Hospital de Peregrinos. Hoy Funciona en él un lujoso restaurant y a su vez,fábrica de conservas del Bierzo.

Entramos juntos en el pueblo, yo quería enseñarle Prada a Tope que es un restaurante muy famoso y a su vez fábrica de conservas y productos de la tierra, que yo ya conocía, entramos y recorrimos un poco, pero él evidentemente estaba en muy mala forma, preguntaron donde estaba el ambulatorio y se fueron sin perder más tiempo. Nosotros ya que estabamos, recorrimos el lugar un poco más tranquilos, es un lugar muy bien acondicionado, que en la Edad Media fue albergue de peregrinos y después se remodeló y conservando el estilo antiguo se hizo un lujoso restaurante y fábrica y venta de conservas. Subimos a la planta alta donde está el salón comedor y como no era hora de almorzar, pedimos unos emparedados de jamón y una copa de vino cada uno, y nos dimos por almorzados. Estaríamos media hora y continuamos la marcha.

Cruzar Cacabelos es fácil, pues se entra al pueblo por una calle y se sale por la misma; la calle del peregrino. Poco antes de terminar el pueblo se cruza un puente sobre el río Cua. Cuando nosotros lo cruzamos, sobre el lado izquierdo de la carretera había un grupo de scouts, que me dio la impresión que partían desde aquí. A partir de este punto se toma la carretera por unos cuantos kms., fue una etapa bastante difícil, pues hay que subir una cuesta muy pronunciada hasta el pueblo de Pieros.

A Nora las subidas le costaban mucho, cada poco tenía que parar pues le agarraba como taquicardia, entonces en estos casos optábamos por hacerlo en cuentagotas, andábamos 80 ó 100 mts. y parábamos un poco, a veces yo iba adelante y ella se quedaba muy atrás, entonces para no obligarla a seguirme la dejaba ir a ella primero y que fuera ella la que marcara el paso, que parara cuando quisiera y todas las veces que fuera necesario.

A la altura de Pieros, que es un pequeño pueblo que está a un costado de la carretera había una parada de autobuses, que aprovechamos para descansar un poco, pues esa subida nos desgastó bastante. En este punto recuerdo algo que nos puso muy nerviosos; era un perro que andaba por medio de la carretera, no se metía con nosotros, pero le encantaba pasearse por medio de la calzada esquivando coches y camiones. Cuando nos fuimos de Pieros el perro siguió por un buen tramo nuestros pasos , pero por el medio de la carretera, cosa que nos ponía muy nerviosos, tratamos de asustarlo, como para que saliera de la carretera pero no había caso, parecía que gozaba viendonos sufrir, queríamos alejarnos de él, si parábamos él tambien paraba, si apurábamos el paso él tambien lo hacía pero por las lineas amarillas que separan ambos carriles, tal vez esperaba que le tirarámos algo para comer, pero después de un largo trecho se fue, lo cual nos dio un gran alivio.

Cuando terminamos de subir esa cuesta un hermoso panorama se abrió ante nuestro ojos, pues después de un hermosísimo valle, se veían las estribaciones de la cordillera que separa León de Galicia. Es increíble como había cambiado el paisaje con respecto al día anterior, en Maragatería, uno podía andar varias horas que no cruzaba ni veía un solo pueblo, aquí en este punto tenía al alcance de la vista una treintena de pueblos, y por supuesto el verde, que inunda todos los rincones de este paraíso natural, llamado El Bierzo.

Después de alcanzar la cumbre de esta lomada se anda por la carretera un par de km. hasta el fondo del valle para después desviarse por una pequeña senda. Otro recuerdo me viene a la mente de este trayecto, antes de abandonar la carretera nos encontramos de frente con un grupo de cuatro personas que llevaban a hombros una imagen de una virgen, parecían extranjeros, tipo hindú o moros, o algo así, lo que sí estoy seguro que no eran españoles, pues iban rezando en voz alta, y no se le entendía nada. Tampoco supimos si eran peregrinos que volvían de Santiago o era otro trayecto el que seguían.

Tal vez se extrañaran de lo que acabo de decir, pero hay gente, muy, muy poca que la peregrinación la hace de ida y vuelta a la usanza de la época medieval, que no había otro medio, que volver por el mismo lado que se había ido. Nosotros en algún lugar del Camino en Galicia que no me acuerdo en este momento, vimos unos peregrinos franceses con caballos, que estaban volviendo a Francia por el mismo camino después de haber llegado a Santiago.

Nosotros seguíamos por nuestra senda, muy cansados, tratando de alcanzar con la vista Villafranca del Bierzo que era nuestra próxima etapa. Este último tramo se hizo muy pesado, claro que hicimos una etapa de más de 30 kms., con mucho calor, y el cuerpo iba sintiendo el cansancio de varios días de marcha seguida. Nora estaba muy cansada y se quejaba de un dolor en la corva de la pierna izquierda, decía que le había salido como un huevo, y le molestaba mucho al caminar. A pesar que teníamos un hermoso paisaje a nuestra disposición ya no disfrutábamos tanto de él, el cansancio y los dolores que a veces aparecían y desaparecían no nos dejaban disfrutar de tan bello espectáculo.

Cuando uno está muy cansado, por lo menos a mí me pasa, me aparecen dolores que en un momento pienso que no me van a dejar caminar, al momento me doy cuenta que el dolor que me martirizaba unos kms. atrás desapareció pero apareció otro nuevo que me molesta mucho más que el anterior, y al rato como por arte de magia se fue, para dejarle su lugar a otra nueva dolencia. Los dolores son reales no son imaginarios, pero pienso que la mente tiene un papel muy importante en estos cambios de escenario del dolor.

Seguíamos caminando y Villafranca del Bierzo no daba señales de vida. Estábamos tan cansados y doloridos que no se nos ocurrió una idea mejor que ponernos a cantar, y por un par de kms. fuimos desentonando nuestro repertorio.

Como les conté al principio del día, la distancia óptica nos jugó una mala pasada en Ponferrada, aquí gracias a Dios fue todo lo contrario, desesperábamos pues según el mapa teníamos que haber llegado ya a Villafranca y ni siquiera la veíamos, de golpe, en el recodo de un camino, vemos un cartel que dice : "Refugio de Peregrinos", pesamos que nos informaba donde se encontraba el próximo refugio, pero no, estábamos ante nuestra próxima parada, había que bajar unos escalones por la ladera de la montaña y ahí, en un rellano, en la ladera estaba nuestro deseado descanso, no se de donde sacamos las fuerzas, para andar esos 40 mts que nos separaban de la entrada, pero en un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos inscribiéndonos en el refugio.

Era un refugio municipal, casi nuevo, nos cobraron 400 ptas. cada uno, la disposición era distinta a la de los otros refugios anteriores, pues estaba dividida en habitaciones de cuatro literas dobles cada una y tenía baños de hombres y de mujeres separados. Tenía una incomodidad muy grande que eran las literas. Cuando llegamos, nos asignaron la ubicación, cuando fuimos a la habitación las únicas dos camas que quedaban desocupadas eran las de arriba, eran muy altas y no disponían de escalerilla, para subir, no se quieran imaginar las figurillas que teníamos que hacer para acceder a nuestro lecho, Nora casi no podía subir. Cuando pude subir me pasé un gel que llevamos para el dolor muscular, pues me sentía muy dolorido y a la vez muy preocupado, pues no habíamos llegado en muy buenas condiciones, Nora peor que yo.

Creo que habremos llegado después de las 4 de la tarde, ese día ni me fijé, nos acostamos como siempre dos horas y después nos duchamos. Cuando llegamos a nuestra habitación todos nuestros compañeros de viaje estaban durmiendo, abajo de Nora había un chino o japonés, que lo vimos otro par de días, abajo mío estaba un francés, un hombre ya muy mayor y muy flaco, creo que coincidimos en la mayoría de las etapas hasta llegar, me acuerdo de él porque lógicamente además de coincidir en los refugios, nos cruzábamos muchas veces en el Camino y caminaba de una forma muy particular: a grandes zancadas. Después en las otras camas estaban unos muchachos muy agradables, ese día no intercambiamos más que un saludo , pero en la próxima etapa la casualidad quiso que durmiéramos también al lado y charlamos mucho, después nos encontramos un par de veces más, y cuando llegamos a Santiago estábamos en la Catedral, nos vio y vino a saludarnos como si de dos viejos amigos se tratara, él había llegado el día anterior, y fue a buscar a la esposa que lo había ido a esperar a Santiago para presentárnosla.

Estas son las cosas que tiene el Camino que uno no tiene palabras para explicarlas, este muchacho que ni siquiera se su nombre, y seguro nunca más lo volveré a ver fue por tres días de mi vida, mi amigo, charlamos de nuestras vidas de nuestros países, de nuestros hijos, porque nos sentíamos identificados por un objetivo común.

Bueno, estábamos en Villafranca, ¿a que no saben a quien me encontré en el baño cuando terminé de ducharme?, si a Antonio, no podía explicármelo, me dijo que lo había visto un médico que le diagnosticó tendinitis, lo vendó, le recetó unas pastillas y le recomendó descansar un par de días, cosa que por supuesto no pensaba obedecer, pero según él se sentía mucho mejor. Cuando estuvimos listos nos dispusimos a salir a conocer la ciudad. El descanso no había ejercido el efecto reparador de los días anteriores, para colmo de males Villafranca es una ciudad enclavada en la ladera de las montañas que forman un valle estrechísimo, con un trazado de calles muy tortuosas.

Teníamos planeado ir a comer a un restaurante que ya habíamos estado en otra oportunidad, y que está sobre la carretera, con el esfuerzo que ello significaba cruzamos medio pueblo para llegar al restaurante, pero estaba cerrado y nos dijeron que no abrían hasta las 21.30, por supuesto que no íbamos a esperar una hora y después tener que volver a cruzar el pueblo, queríamos conocer esta villa tan antigua y llena de importantes lugares históricos y turísticos, claro que debido a la limitaciones físicas nos conformamos con recorrerlo un poco.

 

Puerta del Perdón:
LLamada así porque en la antiguedad, aquel peregrino que por razones de salud no podía llegar a Santiago , recibía las mismas indulgencias cruzando su dintel. Pertenece a la Iglesia de Santiago de Villafranca del Bierzo.

Por las dudas fuimos hasta la Puerta del Perdón, pues en épocas antiguas aquel peregrino que por razones de salud no pudiera llegar a Santiago se le concedían las mismas indulgencias si cruzaba la Puerta del Perdón en la iglesia de Santiago, de Villafranca del Bierzo.

Debo confesar que fue la única vez en el Camino que pensé que el sueño no podía realizarse, las piernas no me respondían, tenía un fuerte dolor en ambos empeines, y Nora casi no podía caminar. Los dos estábamos con una preocupación muy grande pero un poco disimulábamos el uno frente al otro para no desanimarnos. Por supuesto que estas preocupaciones no nos habían quitado el apetito, en un restaurante de la Plaza Mayor siendo las 21 hs. con el sol dando a pleno nos dispusimos a cenar en una mesa bajo los soportales de tan hermosa Plaza. Para olvidar las penas, cenamos como estábamos acostumbrados a hacerlo, a lo bestia. Comimos de entrada melón con jamón, pero con jamón cortado a cuchillo y muy abundante, y de segundo cordero adobado con pimentón, bocato di cardenale. Estábamos sorprendidos lo bien y abundante que se comía y lo barato que nos cobraban.

Debían de ser las 22 hs. y venía lo peor: levantarse y llegar al refugio que no estaba cerca, y había que subir y bajar cuestas empinadas. Nora me agarró del brazo y empezamos a caminar el uno apoyado en el otro, parecíamos dos borrachos. Con mucho dolor y gran esfuerzo, llegamos al refugio, era un lugar bellísimo de noche , en la ladera de una montaña sobre un profundo valle, con la silueta del castillo de Villafranca recortándose en el cielo todavía sin oscurecer del todo, en el otro lado del valle, y todo el refugio rodeado de grandes tulipas que alumbraban el entorno. Realmente daban ganas de quedarse a dormir afuera con esa vista de ensueño. Pero, cuando estábamos llegando al refugio, vimos sobre la ciudad, que se iluminaba el cielo y no era precisamente de las luces de las tulipas. Ya cuando estábamos cenando veíamos acercarse unos nubarrones que no presagiaban nada bueno, había hecho mucho calor, y no sería nada raro que se descompusiera el tiempo, realmente no me preocupé mucho, pues pensamos que si se desataba una tormenta bien podía hacerlo por la noche y por la mañana estar buen tiempo.

Con nuestra humanidad a cuestas entramos al refugio, fuimos a nuestra habitación y con un gran esfuerzo subimos a nuestras elevadísimas camas, previamente nos pasamos una pomada para el dolor muscular que habíamos llevado y Nora se tomó un antiinflamatorio, todo esto lo llevábamos en un pequeño botiquín con más de 20 especialidades medicinales, que hay que tener en cuenta cuando se prepara la mochila.

Nuestros compañeros de habitación estaban casi todos, el chino y el francés parecían estar durmiendo, de los muchachos había dos acostados y los otros dos estaban charlando en el balcón, pues olvidé decirles que las habitaciones tenían cada una, un balcón-terraza que daba al profundo valle, mirando la ciudad.

Nos acostamos y debo confesar que esta noche mi preocupación pudo más que mi cansancio, veía el fantasma del abandono rondando alrededor nuestro, no podía dormirme, empecé a trazar en mi mente planes alternativos, por si nuestras dolencias no habían mejorado a la mañana. Ya había pensado que nos quedaríamos un día en Villafranca, o hacer una etapa muy pequeña,

para no exigir demasiado nuestro maltrecho físico, pensé que podría ser necesario hacer una consulta médica si a Nora no se le pasaba el dolor. En realidad estaba muy preocupado pero quería convencerme a mi mismo que lo que nos pasaba no sería causa para tener que abandonar este sueño tan largamente esperado, no era justo.

Mientras la preocupación y el entusiasmo, se alternaban en mi mente, la habitación, cada poco se iluminaba como si fuera de día, grandes relámpagos seguidos por sus respectivos truenos, anunciaban la lluvia que al poco rato se largó, teniendo un nuevo motivo de preocupación. Y mientras por enésima vez rezaba un Padrenuestro pidiéndole a Dios que nuestros sueños no quedaran truncos en Villafranca del Bierzo, me quedé dormido.

 
 
 

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