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"Sueño" Diario de un Peregrino - Etapa V
 
 


l ruido de la lluvia me despertó, tardé un poco en reaccionar y ubicarme en el lugar y el tiempo, el ruido de los preparativos se iba incrementando, era totalmente de noche, la luz del baño, iluminaba un poco la estancia, nadie se amedrentaba porque lloviera, yo estaba muy a gusto en mi cama, y como siempre, esperé que saliera la mayor cantidad de gente para tener el baño vacío y a eso de las 7 nos levantamos. Como de costumbre en diez minutos estábamos listos, esta vez ya salimos vestidos para enfrentar la lluvia, salimos del refugio y prácticamente a la salida del refugio había un bar, así que no quisimos arriesgarnos a lo que nos pasó el día anterior, estaba frío y un desayuno era necesario, entramos al bar que estaba lleno de peregrinos, todos conocidos, había un muchacho con el que ya había hablado varias veces y cuando me vio entrar gritó !viva el San Lorenzo!, aludiendo a mis simpatias futbolísticas.

Estábamos un poco más tranquilos en cuanto a tiempo, el día anterior por la tarde empecé a calcular los días que nos faltaban y si seguíamos al ritmo que llevábamos hasta acá, llegaríamos a Santiago el día 7 ó a más tardar el 8, yo había contratado el coche para el 12 así que tendríamos que regular un poco el tiempo sino llegaríamos muy pronto y tendríamos que pasar muchos días en Santiago. Así que empecé a calcular etapas más cortas.

Estuvimos un rato en el bar mientras desayunamos, pues esperábamos a ver si amainaba un poco la lluvia, pero a las 7.30 vimos que seguía lloviendo igual, así que nos calzamos bien nuestro chubasquero y salimos al Camino. Fue una lástima que el tiempo estuviera tan feo, pues aparte de la lluvia, había una neblina bastante cerrada y por ese motivo no pudimos disfrutar el paisaje que desde ese lugar se divisa. Me despedí de O Cebreiro con un poco de nostalgia, me gustó mucho y disfruté mucho, sin duda es un lugar distinto.

Ya estábamos en Galicia y el paisaje había cambiado, los panoramas son más acotados que los días anteriores, el paisaje cambia más rápido, el verde cubre todas las montañas gallegas, los árboles que más se ven son el roble, el castaño, y el pino.

Alto San Roque:
En este alto que se encuentra el Monumento al Peregrino,en la cumbre de las montañas de los Ancares Gallegos.

Poco después de salir, nos encontramos con Juan y María José, nos saludamos y fuimos un poco juntos, pasamos por el monumento al peregrino que está en el Alto de San Roque, hacía muy mal tiempo, llovía, el viento molestaba mucho y las nubes no nos dejaban ver el panorama, después de pasar un par de pequeños pueblos hay una subida muy empinada, pero corta, donde se sale a la carretera en el Alto do Poio.

Al llegar a este punto la lluvia había parado, nos sacamos la capa, resulta muy incómodo, caminar con eso puesto más si el viento te vuela todo, quería despejar, pero lo hacía por momentos y poco después, se volvía a nublar otra vez. Después del Alto do Poio, el Camino transcurre por las "corredoiras" que son los andaderos de la provincia de León, senderos muy bien acondicionados que generalmente corren paralelos a la carretera.

Este día hacía frío, yo tenía puesta toda la ropa que llevaba y no me sobraba nada. Yo llevé solamente dos pantalones uno corto y otro largo, por las mañanas salía del refugio con los dos puestos, cuando empezaba un poco el calor me sacaba el largo y me quedaba con la bermuda, y arriba igual, me ponía una remera y el buzo y cuando me molestaba, me sacaba el buzo y me quedaba con la remera. Recuerdo como muy molestas las paradas para sacarse la ropa, pues significaba, tener que sacarse la mochila, y guardar la ropa, pero más molesto era cuando llovía y paraba y al rato volvía a llover, a veces si veía que era una nube pasajera prefería mojarme un poco y no tener que parar y desensillar.

Al rato de ir por este camino paramos en un pueblo llamado Fonfría a tomar un café, me acuerdo perfectamente del lugar, era un restaurante, al lado de la ruta, era una palloza, pero nueva y estaba muy bonita por dentro. Poco más adelante la corredoira se separa de la carretera para internarse en cerrados valles, aquí se largó nuevamente a llover y muy a pesar mío, tuve que parar para ponerme el chubasquero. La molesta lluvia no nos abandonaría por el resto de la jornada. Me impresionó mucho caminar entre las nubes cuando está lloviendo, caminábamos por las sendas en la ladera de la montaña y no se veía absolutamente nada, estábamos rodeados por todas partes por nubes, estábamos en el mismo lugar en donde se originan las gotas de lluvia.

Me daba lástima por que no podíamos ver el paisaje, a veces pasaba una nube y veíamos que a nuestros pies había un profundo valle pero no habían pasado 10 segundos, y otra nube nos volvía a tapar la visual, realmente lo sentía por las vistas pero no por la lluvia en sí, pues a pesar de la incomodidad que significa, a mi me no me molestaba

ir bajo la lluvia. A veces le decía a Nora que sentía culpa que todo lo que estábamos haciendo fuera tan placentero, pues la idea era ofrecerlo como un sacrificio, así que si en algunos aspectos había que hacer algo que no fuera muy cómodo lo hacíamos con gusto.

Casi sin darnos cuenta por donde fuimos llegamos a Triacastela, el pueblo de los tres castillos, aunque no quedan ni las ruinas de ninguno de ellos. Antes de entrar al pueblo en un prado al lado de un río, esta el refugio, sin pensarlo dos veces, fuimos rápido, pues como el día estaba tan feo casi todo el mundo trataba de parar en el primer lugar, y hacía rato que no pasábamos un pueblo con refugio. Ya le habíamos perdido el miedo a los refugios, sabíamos que eran buenos y disponían de buenas comodidades, casi todos, así que cuando llegábamos a un lugar directamente íbamos a registrarnos.

Esta etapa fue corta, pues salimos más tarde y llegamos a las 13.30 pero también fue muy incómoda por la lluvia. Nos registramos y nos fuimos a almorzar, ningún día habíamos almorzado de restaurant, pero este día era temprano y además hacía frío así que una comida caliente nos entonaría. Hay dos o tres restaurantes en el pueblo, elegimos uno y entramos, mejor dicho subimos porque el comedor estaba arriba, cuando entramos al comedor en la única mesa ocupada estaban almorzando María y Antonio, ellos seguían hasta Samos, nosotros nos quedamos, cuando terminaron de comer nos despedimos y nunca más los vimos a estos buenos compañeros de Ruta.

Nosotros comimos a lo bestia, de entrada una paella y de plato principal cordero guisado, aquello estaba para chuparse los dedos. Al poco de llegar nosotros aquello se llenó de peregrinos, todo el salón totalmente ocupado, armaron una mesa de 10 ó 12 personas que hacían el Camino por separado, pero se juntaban para comer y entre ellos había algún extranjero, aunque igual se entendían, también había otras mesas con otros grupos. Estaba ocupado todo por peregrinos, y seguramente en este pueblo pequeño como muchísimos otros de los que cruzamos a lo largo de todo la ruta, El Camino de Santiago, ha significado una ayuda económica muy importante, además de tener un fuerte contenido espiritual e histórico seguro que es muy importante desde el punto de vista económico, pues la mayoría de los servicios de las decenas de pueblos pequeños que cruzamos, están pensados para el peregrino.

Después del suculento almuerzo, nos fuimos al refugio para dormir una buena siesta. El refugio consta de dos edificaciones iguales separadas entre sí por 15 mts., cada una de ellas está dividida en habitaciones de 4 camas cada una, además de tener baños, sala y una hermosa galería con vista a las montañas que nos rodeaban. La habitación la compartimos con Gerard, y una chica, que venía en un grupo con dos o tres amigas, dormimos una buena siesta y salimos a recorrer el pueblo que es pequeño, continuaba el día gris y desapacible, pero no llovía, dimos dos o tres vueltas al pueblo, que era muy pequeño, lo vimos a Juan que estaba hablando por teléfono a sus hijas, y nos indicó donde paraban.

Volvimos al refugio, aquí no había mucho contacto con otros peregrinos, pues al ser habitaciones tan pequeñas no hay mucha gente con quien compartir. A eso de las 20 horas estábamos en la habitación y escuchamos, ruido de muebles, salimos a la galería y los hospitaleros, estaban corriendo un juego de sillones que había en la galería, para hacerle lugar, a una familia de peregrinos que recién habían llegado, y como estaba muy feo el tiempo, aunque no había camas, no los dejaron afuera. Hay que recordar que todos , llevan bolsa de dormir o como en nuestro caso unas colchonetas enrolladas, que no tuvimos necesidad de usar. Estos recién llegados era un matrimonio de gallegos con dos hijos adolescentes, que desde aquí hicimos el resto del Camino juntos.

Era graciosa la forma como nos desencontrábamos con gente que a los dos días nos volvíamos a encontrar, como de aquí en adelante hay muchos refugios de peregrinos, en una noche dormíamos en refugios que estaban a 3 ó 4 kms. de distancia y para la noche siguiente o para otra volvíamos a coincidir en el mismo. Ya después uno coincide con la misma gente, pues generalmente se lleva un ritmo de marcha de 20 a 25 km. por día, si hay gente que lleva un ritmo superior se coincidirá un día o dos pero después se los pierde. Yo para fijar las paradas miraba que fuera un pueblo más o menos grande, pues como parábamos toda la tarde, por lo menos que tuviera buenos servicios y algún lugar que recorrer.

A las 21 hs. fuimos a cenar, como habíamos comido tan bien fuimos al mismo lugar, todavía estaba vacío cuando llegamos, así que elegimos la mejor mesa, la que estaba al lado de la ventana. El tiempo no había mejorado, y mientras estuvimos cenando estuvo lloviznando, todavía recuerdo como las nubes que corrían rápido a veces cubrían la parte alta de las montañas cercanas, pues Triacastela está encajonado en un pequeño valle, cercado por dos cadenas montañosas. Eran muy placenteras, estas pequeñas cosas a las que uno no está acostumbrado, parecía un tonto mirando por la ventana, viendo correr las nubes.

Cenamos caldo gallego y trucha, esta última no la terminamos, ni comimos el postre porque no dábamos más. Los platos por lo general son muy abundantes, por ejemplo el caldo gallego te lo traen en una sopera de loza, te sirven el plato, y te dejan la sopera por si quieres repetir, como está rico uno repite y después no puede con lo otro.

Nos hubiera gustado dar un paseo, para bajar la comida, pero el tiempo no nos lo permitió, así que nos fuimos derecho para el refugio, charlamos un poco con nuestros compañeros de habitación, con Gerard ya habíamos charlado, era francés creo que de Lyon, y venía caminando desde su ciudad, más o menos 1300 kms. y nos enseñaba su credencial que no era igual que las nuestras y ya no tenía un lugar donde poner un sello. Era muy agradable "hablar" con él pero uno se entiende medio con señas, medio con palabras y realmente uno se pone nervioso, porque a veces te comprende y a veces no, a veces uno tampoco se puede hacer entender, así que desgraciadamente, nuestras conversaciones nunca fueron muy largas ni muy profundas, la otra chica era española así que con ella nos explayamos un poco más. De todas maneras antes de las 23 hs. estaba todo en el más profundo de los silencios, solamente se escuchaban los ruidos propios del campo y en el silencio de la noche se escuchaba el murmullo del arroyo que pasaba por detrás del pabellón, la música perfecta para entregarse a los brazos de morfeo.

 
 
 

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