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"Sueño" Diario de un Peregrino - Etapa IX
 
 


uando por la mañana salimos, en nuestra sala ya no quedaba nadie, solamente la pareja que dije que acá abandonó, estaba ella en la cama llorando pues no podía caminar con sus ampollas y el muchacho sentado en la cama de al lado sin haberse repuesto de su tendinitis. Cuando veíamos estos cuadros, que hubo varios, más gracias le dábamos a Dios de poder seguir avanzando.

Cuando llegamos a la calle nos dimos cuenta que estaba lloviendo, es una lástima por que no se disfruta tanto el viaje y el paisaje, pero bueno, no estábamos ahí para disfrutar, sino para ofrecer un sacrificio, y por momentos realmente el sacrificio lo estábamos haciendo, pero con gusto. No puedo decir mucho del paisaje en esta etapa, pues la lluvia, no nos dejaba ver más allá de lo que necesitábamos, pues íbamos enrebujados en nuestro chubasquero, pues el viento nos lo volaba y se hacía muy incómodo caminar. De todas maneras puedo decir que el camino discurría por senderos, no de montaña, si de lomadas, de subidas y bajadas constante, hay mucho bosque por aquí, ya se empiezan a ver eucaliptos, que de aquí en adelante es lo que más se va a ver por el resto del Camino.

Estábamos dando nuestros últimos pasos por la provincia de Lugo, a media mañana cruzamos el límite provincial, y nos internamos en A Coruña, tierras de Santiago. Todavía con lluvia paramos a desayunar en un recreo muy bien puesto a la vera de una carretera, tenía unos toldos, con unas mesas muy bien preparados, todo rodeado de un muy bien cuidado jardín. Al poco rato paró de llover, así que nos desenfundamos de nuestros plásticos y caminamos un poco más cómodos.

El cambio de provincia no fue un mero cambio de límites, pues cambió todo, el tiempo, el paisaje, y hasta la geografía económica era distinta, pues a los pocos kms. de pasar el límite provincial nos topamos con un polígono industrial bastante importante. Los paisajes eran más abiertos y las montañas más bajas, los pueblos no tenían la estructura tradicional , de una aglomeración de casas, sino que en un valle había casas diseminadas en toda su extensión. Otro detalle en que se diferenciaban, eran los techos de las casas, que hasta aquí, eran todos de pizarra negra, aprovechando los materiales de la tierra, y a partir de aquí empieza a primar la teja roja. Disfrutando las diferencias de paisaje y la mejora en las condiciones climatológicas avanzamos hacia una ciudad importante: Melide.

Furelos:
Puente Romano sobre el río Furelos en el pueblo del mismo nombre, muy cerca de Melide.

Pero antes de llegar pasamos por un pueblo, que tenía un importante puente romano y una muy bien conservada iglesia medieval; este pueblo es Furelos. A la salida misma de este pueblo ya se empieza a notar la influencia de una ciudad, con sus casas quintas, sus fábricas, sus talleres y el aprovechamiento integral de las tierras que la rodean. Entrábamos en Melide, que era un lugar ideal para fin de una etapa, pero no coincidió con nuestro horario. Antes de entrar en la ciudad, veo un hombre que está apoyado sobre un coche, mirándonos, era Pepe, sí, el marido de Angélica, no lo podíamos creer, que todavía nos siguiéramos encontrando, pero el hombre estaba preocupado, pues había llegado a Melide para reservar hospedaje, y se le quedó el coche cerrado con las llaves adentro, así que estaba esperando un cerrajero, era un muy buen hombre y esta fue la última vez que lo vimos.

Junto con Sarria fueron las dos ciudades más importantes que cruzamos en Galicia, esta creo un poco más grande que la otra, con toda una infraestructura comercial y de servicios muy completa, es una ciudad muy bonita y como toda ciudad española con mucha construcción, también con mucho tráfico. Melide es muy famosa por el pulpo que allí se prepara, tan famosa como para tentar a más de uno a comerlo a la hora del desayuno, así le pasó a dos matrimonios peregrinos, que a las 11hs. cruzaban junto con nosotros la ciudad y avisados de la fama del buen pulpo pararon en un mesón y se comieron dos porciones del manjar. A mi me gusta el pulpo con locura pero a esa hora realmente no lo hubiera podido comer. ¿habrá sido un sacrificio de los peregrinos?.

Nos detuvimos en un supermercado a comprar provisiones, pues teníamos programada la parada en un pueblito muy pequeño que según la guía no tenía ningún servicio, así que compramos como para almorzar y para cenar. Después de andar más de un km. por el trazado urbano, salimos de Melide y nos metimos en una hermosa campiña que empezaba a mostrar las características que antes les dije: valles más pequeños, elevaciones menores, y las casa más diseminadas a lo largo del valle y no aglutinadas en un solo lugar, muchas se notaban que eran granjas o casas de labradores, pero muchas eran casa de vacaciones o de fin de semana, en estos lugares ha progresado mucho el turismo rural que ha tenido gran auge en la última década.

Otra cosa para destacar, no solo de este tramo si no en general a lo largo del Camino, es la amabilidad con que el lugareño trata al caminante, no solo en el bar o el restaurante, si no al pasar por la calle, todo el mundo lo saluda a uno con respeto. Después de caminar más de una hora, por éstos hermosos caminos, cruzamos el pueblo de Boente, que tiene una hermosa capilla muy bien arreglada, parece de juguete, entramos para que nos sellaran las credenciales, había un muchacho francés encargado de hacerlo, que mientras hacía el trámite nos invitó a que pasáramos a orar, cosa que por supuesto hicimos. A la entrada a la capilla me llamó la atención el limosnero, que consistía en una canastilla de mimbre, con la limosna ahí, al alcance de cualquiera, me hizo acordar a algo que había leído en uno de los muchos libros que leí , decía que a lo largo del Camino suele haber este tipo de canastas, algunas con un cartel que encierran en su leyenda el espíritu jacobeo, dicen: "peregrino, deja lo que puedas, toma lo que necesites". Oré en esa capilla, dejé menos de lo que podía, (uno siempre deja menos de lo que puede) y seguí mi Camino.

Ya directo al final de la etapa, que para nuestra sorpresa fue mucho más duro de lo que pensábamos, pues a partir de este pueblo uno se mete en una serie interminable de toboganes, constantemente subir y bajar, fueron 6 kms. muy duros, que parecía no terminarse más, cada km. era un valle al que había que bajar y después subir, para después volver a bajar, y así hasta llegar, a uno de los refugios más pintoresco en que nos tocó parar. Debo agregar que esta etapa no fue más penosa, porque nos tocó un día ideal para hacerla, pues estaba nublado y hacía frío, cosa que nos ayudó mucho, pues si este final de etapa lo hubiéramos tenido que hacer, con sol y calor no se si hubiéramos podido llegar.

Confieso que el 99% del Camino es placentero y uno lo hace a gusto, pero, siempre en algún momento aparecen esos cinco minutos en que uno se pregunta ¿quién me mandaría a mi meterme en esto?, y en esta etapa aparecieron esos cinco minutos. Parecía que las guías estaban equivocadas, parecía que ya habíamos caminado mucho más que esos 6 km. que separan Boente de Ribadiso, y el refugio no aparecía, cada vez que llegábamos a la cresta de una lomada y veíamos un nuevo valle delante nuestro, pensábamos que ese era nuestro valle, pero no era así, había que seguir caminando, las piernas me dolían, tenía las canillas adormecidas. En las subidas, Nora paraba a cada rato, y en las bajadas era yo quien no podía mantener su ritmo.

Ribadiso de Abaixo:
Encantador Albergue, reconstruido sobre unas antiguas casas a orillas del río Iso.

En este tramo nos cruzamos varias veces con el grupo de chicos de Burgos, una de las chicas se llamaba María Jesús y era gordita y le costaba más que a sus compañeros, entonces, siempre iba un grupo adelante y la dejaban a ella atrás con uno que le hacía compañía, a veces el grupo de avanzada llegaba a los refugios 1 ó 2 hs. antes que María Jesús y su eventual lazarillo. Siempre que la cruzábamos le decíamos :!Fuerza María Jesús!, y la gordita lo agradecía con una sonrisa.

Después de mucho desearlo llegamos a Ribadiso de Abaixo, un pueblo de no más de 10 casas, y un refugio hermoso. Según nos explicaron, es una construcción del siglo XII, toda reconstruida, con techos nuevos y acondicionada, consta de 5 pabellones independientes, sobre una pradera, a orillas del río Iso. Dos pabellones estaban destinados a dormitorios, otros dos a baños y duchas, separados uno para hombres y otro para mujeres, y en el quinto pabellón, estaba la cocina, el comedor, y en el mismo pabellón entrando del otro lado estaba la casa de la hospitalera. Aquello era un sueño, pues era un lugar para pasarse unas vacaciones, no para dormir una noche. Como dije llegamos con nuestras reservas agotadas, y en un primer momento no disfrutamos del lugar, pues una vez que nos asignaron la cama, nos fuimos con nuestra bolsa del supermercado al comedor, nos comimos unos buenos bocadillos, y sin dilatar mucho el almuerzo nos fuimos a dormir la siesta.

Mientras comíamos nosotros, en la cocina estaban los chicos de Burgos cocinando unos fideos para almorzar, cuando estábamos terminando vemos que entra María Jesús, casi arrastrándose, pero con una cara de felicidad indescriptible, todos la vivaron.

Nora, como solía hacerlo, le había pedido unas mantas a la hospitalera, cuando regresamos de comer ya estaban sobre nuestras camas, así que nos acostamos y dormimos por lo menos dos horas. Cuando nos levantamos aprovechando la comodidad y la privacidad que nos ofrecían los servicios sanitarios nos duchamos y después Nora lavó la ropa.

Aquí no había un pueblo para ir a recorrerlo, así que recorrimos bien el refugio que era más bien un camping, nos sentamos a la orilla del río un rato, tratando de divisar la trucha más grande, pero nos quedábamos fríos, así que nos levantamos y lo recorrimos todo. Era una lástima pues si hubiese sido un día soleado era un lugar para disfrutarlo al máximo, pero para la caminata nos vino muy bien que estuviera nublado y fresco, así que todo no se puede pretender. Salimos después un poco, y subimos una cuesta, y fuimos adonde había un bar, era un lugar totalmente despoblado, pero desde ese bar teníamos una hermosa panorámica.

La siesta no había sido tan reparadora como de costumbre, pues mis canillas me seguían doliendo, y en las bajadas las rodillas me avisaban que no se habían olvidado de Pradela. No había mucho para hacer en este paradisíaco lugar, pero sí mucho para meditar, para empezar a realizar un balance anticipado, de esta empresa, que ya estaba llegando a su fin, faltaban dos cortas jornadas, y el balance nos arrojaba un resultado positivo, no pensado al principio del ejercicio, aunque en la parte del debe teníamos muchas deudas a pagar que con gusto saldaríamos.

Desde aquí me comuniqué con mi primo Roberto, pues ya tenía claro que iba a llegar el domingo al mediodía, y si él podía llegarse a Santiago por la tarde, me ahorraba a mí de pasar por Vigo, le dije como lo había pensado y le pareció bien, y quedamos de encontrarnos en la Plaza del Obradoiro el domingo a las 17 hs.

Después de recorrer varias veces todo el campo del refugio, nos fuimos a cenar, y a las 22 hs. con el sol todavía entrando por una claraboya del pabellón nos acostamos, pues además de no tener que hacer, estábamos muy cansados. Como todas las noches meditaba un poco y recorría con el pensamiento el camino andado con los pies.

Dios me estaba concediendo lo que le había pedido; que disfrutara de cada día como si fuera ese día el único y el último, si llegaba a Santiago mejor, pero si no llegaba no me iba a ir con las manos vacías, ya las tenía casi llenas y nadie me las podía vaciar. Llegar a Santiago era muy importante, pero no era el único fin que me había propuesto. Estaba junto con Nora, caminando codo a codo igual que caminamos el camino de nuestras vidas, siempre juntos en las buenas y en las malas, disfrutando de las señales del Señor, disfrutando de los maravillosos e imponentes paisajes, y sufriendo los dolores y los cansancios, pero juntos, de otra forma creo que no sabríamos hacerlo.

 
 

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